El recientemente pasado octubre, el centro comercial Adolfo López Mateos cumplió 60 años de haber sido estrenado. Aparte la efeméride, el tema es que, luego de más de medio siglo de problemas, habría que cambiarle hasta el modo de andar. Entre otras muchas cosas, levantar los pisos y tender nuevos, repellar y pintar el techo que protegía al mural alguna vez fue presumido a ser el más grande del mundo, pues mediría mil metros cuadrados con el tema de los vendedores en mercados mexicanos que dejó inconcluso su autor, José Silverio Saíz Zorrilla, quien falleció el 17 de febrero de 2017 a la edad de 79 Cinco más tarde, el mural fue destruido por un incendio. También restaurar locales, cientos, e instalar nuevas redes de agua potable y drenaje, dotarlo de una gran planta de tratamiento de aguas negras y, en fin, desplegar una serie de obras en prácticamente todas sus áreas. O de plano demolerlo y hacer uno nuevo, moderno y mejor ubicado, quizá en las goteras de la ciudad, en el pequeño valle del norponiente, más allá de la barranca de Alta Vista, comunicado por una cadena de puentes en un proyecto integral con la construcción de una ciudad-gobierno conformada por edificios de dependencias oficiales como hay, por ejemplo, en Zacatecas.
El ALM fue inaugurado el 7 de mayo de 1964, en los últimos días de Norberto López Avelar como gobernador, pero los locatarios siguieron en la explanada de Degollado y Tepetates donde resistieron cinco meses hasta que el alcalde Valentín López González destechó el llamado Mercado Municipal o Del Reloj, en la calle de Degollado. Años más tarde, testigos contarían al columnista que un grupo de locatarios se manifestaba en el Zócalo cuando llegaron corriendo varios de sus compañeros, para avisarles que una grúa “con bola” enviada por “el pinche” alcalde Valentín López González había comenzado la demolición del Mercado Viejo, así que a regañadientes agarraron sus tiliches y se cambiaron al nuevo, “lejos”, una calle abajo en los terrenos que habían sido parte del Rancho Colorado de la familia Salinas Nubión y en 1962 comprados por el Ayuntamiento para iniciar la obra más grande de aquella época Con el paso del tiempo, el mercado ALM y el Palacio de Gobierno, que datan de la misma época, se convirtieron en puntos emblemáticos de Cuernavaca.
“El ALM”, como desde su inicio le llamaron los cuernavacenses, ha sufrido al menos dos incendios y una inundación. Decadente, maltrechas sus instalaciones y algunas sin reparación posible, ello no impide que diariamente miles de personas acudan a hacer sus compras, pues encuentran mejores precios y mercancías que en los supermercados de cadena. Y además aguantador, soportados por su estructura los sismos de los diecinueves de septiembres de 1985 y 2017, además del incendio más grande en la historia del ALM, el 23 de agosto de 2010 cuando 400 locales fueron devorados por las llamas.
Construido el ALM en la década de los sesenta con un crédito de veinte millones de pesos del Banco Nacional de Obras y Servicios y partidas adicionales, entre ellas una de dos millones para conectarlo con las calles del centro por medio del puente de Degollado, inicialmente fue para ochocientos locatarios del desaparecido Mercado del Reloj. En octubre de 2022, se anunció una inversión de 60 millones de pesos para remodelarlo. Elaborado el proyecto por la UAEM, los trabajos arrancarían en 2023, pero fue lo mismo que echarle dinero bueno al malo. Cuernavaca necesita una central de abastos nueva, para mayoreo y menudeo, lejos del primer cuadro de la ciudad donde no genere problemas de tránsito y de salud pública. Vale el ejemplo: la Central de Abastos de la Ciudad de México fue inaugurada en noviembre de 1982, para sustituir a la antigua Merced. Es considerado el mercado más grande del mundo; ahí se comercializan miles de toneladas de productos... (Me leen mañana).
