No tiene los alcances emotivos y sentimentales del 10 de mayo, porque en esta fecha –caiga el día en que caiga, llueva, truene o relampagueé– se festeja a las madres. Pero eso sí: compite en las campañas publicitarias para “agasajar a papá”. Se trata de una fiesta copiada a Estados Unidos y Canadá, donde se celebra el tercer domingo de junio. Mas como quiera que sea, el Día del Padre ya tiene más de medio siglo de existencia, y hoy casi nadie lo puede pasar de largo.
En México, la celebración comenzó a generalizarse primero en las escuelas primarias y secundarias, hacia la década de1950, aunque en los años posteriores, como ocurre con otras celebraciones similares, se fue convirtiendo en una fiesta de consumo. Finalmente, en muchos hogares de nuestro país este día es ocasión para la reunión familiar y el reconocimiento a los papás.
Bien que mal, la figura paterna es muy importante en la vida de los hijos, y en muchos casos es un modelo a seguir, lo cual significa una carga bastante pesada sobre los hombros, y a veces es difícil cubrir las expectativas de los hijos, de la familia y la sociedad. Sin embargo, como podremos ver en los siguientes ejemplos de la paternidad de algunos personajes de nuestra historia y otros más de la literatura, no siempre la figura paterna queda bien librada en el ánimo de los hijos e hijas.
Francisco Villa.
Iniciamos este recuento con algunos rasgos de la paternidad del Centauro del Norte, cuyo perfil casi lo convierte en un “santo popular” en Chihuahua. Doroteo Arango tuvo 18 esposas y con todas se casó menos con una porque era mormona; muchas de ellas andaban en el frente de batalla, las mataban, Villa se volvía a casar y producto de estas relaciones fueron 22 hijos reconocidos. Además, adoptó a más de 300 hijos cuando en 1914 estuvo en la Ciudad de México, niños de la calle que vivían en condiciones difíciles a los que más tarde se los llevó a Chihuahua, donde fue gobernador por un mes y una semana, creando en ese corto mandato una casa hogar para niñas y niños.
Emiliano Zapata.
En otra ocasión mencionamos que a Emiliano Zapata se le conocieron, al menos, 23 hijos con 14 mujeres y sólo se casó una vez. Hay que recordar que el niño que aparece al lado de Zapata –sentado junto a Pancho Villa en la famosa foto tomada en Palacio Nacional– es su hijo Nicolás. El pequeño acompañó a su padre en el encuentro entre el Caudillo del Sur y el Centauro del Norte, un episodio de relativa paz alcanzada por la entrada de las fuerzas rebeldes a la capital del país que fue aprovechada para llevar al escuintle a conocer “las alturas de las banquetas” de la gran ciudad.
José María Morelos.
Como hijo natural del cura José María Morelos, Juan Nepomuceno Almonte cargó toda su vida con el descrédito de haber sido de los promotores y hasta integrante de la corte de Maximiliano de Habsburgo, durante la comedia de Imperio que protagonizaron éste y la emperatriz Carlota. Aunque el detalle biográfico no es el más importante, está comprobado que, en materia de herencias y paternidad, a la horas de las ideologías pueden darse casos como el de Almonte, a quien se le llegó a reclamar que siendo hijo del principal insurgente e independentista de la naciente nación mexicana se hubiera pasado al bando conservador y pro imperialista.
Miguel Hidalgo.
Es bien conocida la historia y protagonistas de la paternidad consanguínea del Padre de la Patria. Tan es así, que el 8 de mayo de 1985 en la hacienda Corralejo de Pénjamo las autoridades municipales entregaron un reconocimiento a Rodrigo, Enedina, Mercedes, María Dolores, Germán, María Esther, Esperanza y Víctor Vázquez Mendoza en el que se admitió que fueron los legítimos descendientes del prócer de la independencia mexicana… (Me leen el lunes).
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