La madrugada del 16 de septiembre de 1987, el piloto norteamericano Robert Nelson Read dormía en su camastro de la antigua Penitenciaría de Acapantzingo. Lo mismo hacían sus compañeros de celda Julio Javier Lara, los hermanos Ricardo y Juan Luis Martínez Bernal, Luis Martínez Pola y Fernando Negrete Venegas. De pronto fueron despertados por gritos de hombres, diciendo que se trataba de “una revisión de la Policía Judicial Federal”. Uno utilizó una varilla de 80 centímetros para reventar el candado de la reja. Entraron. Eran cuatro internos, y estaban ahí para cumplir un asesinato por encargo.

Los hechos sucedieron en forma vertiginosa, precisa, fría. Uno de los intrusos le dio un “puntazo” en la pierna y el brazo derecho a Pola. Todos llevaban “puntas”. Preguntaban “dónde está el millón de pesos”. Otro de los agresores le asestó un “piquete” a Nelson en la pierna izquierda. El gringo forcejeó, pero no pudo evitar un “puntazo” en el pecho. Por fin se retiraron los cuatro sicarios, ordenando a sus víctimas que taponearan la herida del aviador gringo.

Regresaron a los cinco minutos, esta vez acompañados de más compinches, uno de los cuales le preguntó en inglés a Nelson que dónde escondía el dinero. Le contestó que lo tenía en el short. Le sacó quince mil viejos pesos, y enseguida ordenó: “¡Remata al gabacho!”. Excitado, se trepó a una mesa junto a donde yacía el estadounidense y le soltó una andanada de “puntazos”, azuzado por el que parecía ser su jefe que le gritó: “¡Remátalo! ¡Muerto cuesta menos que vivo!”.

El levantamiento del cadáver corrió a cargo del agente del Ministerio Público, Miguel Ángel Arroyo Silva, que realizó la diligencia a las 2.30 de la madrugada, media hora más tarde de un telefonema recibido en la guardia de la Base Zapata. La voz de alerta precisó: “se encuentra un cadáver del sexo masculino en el

Centro de Readaptación Social”. El acta de la necropsia que fue anexada a la averiguación previa I/III/6532/987 describió un sujeto alto, de 1.97 mts. de estatura, aproximadamente 30 años de edad, tez blanca, pelo castaño, boca mediana, mentón oval y como seña particular una cicatriz quirúrgica en el borde superior del esternón. El médico legista contó dieciocho heridas de arma blanca, tres de ellas en la cara anterior del cuello, y como causa de la muerte: “herida punzocortante penetrante a tórax que lesionó el corazón y produjo choque hipovomélico por hemorragia interna y externa”. Horas después, el director de la penitenciaría, Enrique Corona Morales, aseguró que el móvil del homicidio del piloto Read fue el robo.

Catorce meses antes, el 16 de julio de 1986, el estadounidense

Robert Nelson había sido detenido en la pista de San José Vista Hermosa por elementos de la Policía Preventiva Estatal. Procedente de McAllen, Texas, fue contratado para que piloteara la avioneta bimotor turbohélice Beech Graft Oeen Air B-80 con matrícula N-254-K. La carga de la aeronave (oficialmente “fayuca”) era pasada a la camioneta Ford pick-up placas 749-AC en momentos que casualmente patrullaban los preventivos. Sobre los artículos que ocho días más tarde estuvieron a disposición del juzgado tercero penal y fueron valuados en 172 millones 842 mil 393 viejos pesos con 62 centavos, la lista enumeró 10 radiograbadoras, 82 autoestéreos, 10 reembobinadoras, 50 videograbadoras, 10 ecualizadores, 86 teléfonos inalámbricos, 20 ecualizadores, una cámara de video y 350 paquetes de bisutería… (Me leen mañana).

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