En la imagen, el Callejón de la Atarjea se ve como un pasillo sin salida, estrecho, una ratonera que ni mandada a hacer para la emboscada. Hasta ahí llegaron los asesinos de cinco hombres, la mañana de ayer. Lo que siguió fue el cartabón que en Morelos se repite incesantemente. Baleadas, las víctimas ya han perdido la vida, y aunque hace un rato que la balacera se escuchó, aún huele a pólvora. Los paramédicos y los policías que resguardan el área atestiguan el resultado de una masacre, una más en la atmósfera de inseguridad que en vano niega el oficialismo, pero cuyos yacen en la memoria colectiva.
Es el caso del tiroteo de abril de 2019 en el restaurante “Los Estanques” de la zona de El Hospital en Cuautla, donde fueron asesinados cuatro adultos y dos niños de 8 y 9 años. Seis meses después, uno de los presuntos asesinos identificado como Raymundo Isidro “N” alías “El Ray” cayó muerto en una riña colectiva en el penal de Atlacholohaya. Según la Secretaría de Seguridad Pública, “El Ray” era el líder en Morelos del Cártel Jalisco Nueva Generación. Acusado de haber participado en la masacre de “Los Estanques”, había sido detenido el 13 de mayo en la ciudad de Puebla y casi de inmediato internado en la principal prisión de Morelos…
Las hojas del calendario de sangre y muerte del penal de Atlacholohaya empezaban a caer: Una: el 19 de marzo de 2020, un grupo de internos se fugó en un camión de basura que chocó unos metros adelante de la salida de la cárcel. La información oficial reconoció tres presos fallecidos, más de diez lesionados llevados a hospitales y una riña, pero inicialmente no precisó si hubo internos reaprehendidos… Dos: la mañana del 20 de noviembre de 2019, reos del área de máxima seguridad burlaron al personal de custodia para brincar a la zona de ingresos. El resultado fue una trifulca entre presos del dormitorio 13 que dejó el saldo de dos reclusos muertos y más de 30 heridos, entre ellos un custodio, con armas conocidas como “puntas”... Tres: el 10 de mayo de 2020, la Comisión Estatal de Seguridad (CES) informó sobre reos lesionados. El comunicado gubernamental pretendió aterciopelar la violencia. Dijo con lenguaje rebuscado: “Cinco personas privadas de la libertad (PPL) con lesiones en una riña en el dormitorio 6 del CeresoMorelos, ubicado en el poblado de Atlacholoaya del municipio de Xochitepec, dejando como resultado cinco personas privadas de la libertad (PPL) con lesiones. Dos días más tarde, la prensa detalló: fueron identificados cuatro reos a los que privaron de la vida durante una riña en el Cereso-Morelos. Un periódico puso el dato macabro: a uno de ellos le habrían sacado los ojos. La narrativa de la evasión fue que poco antes de las 10.00 horas del miércoles, la Policía Morelos fue avisada de que se escucharon detonaciones de arma de fuego que provenían del interior del penal de Atlacholohaya. Luego, agentes policiacos recibieron un aviso acerca de que alrededor de 50 disparos se acababan de escuchar dentro del penal. Entonces alertaron a policías de otros municipios, para que se trasladaran al centro de reclusión. El helicóptero de la CES realizó sobrevuelos, y una veintena de unidades de la Policía Morelos y de la Guardia Nacional, así como al menos cinco ambulancias ingresaron al penal. La riña que habría iniciado en el área de ingresos y en aduanas de personas se extendió a la vista de la población penitenciaria. En un video filtrado por reos se observó a tres reclusos que cargan y arrastran a un prisionero. Otra foto puesta en redes sociales muestra a un grupo de reclusos sometidos, tirados y amarrados. Pero no fue sino hasta pasadas varias horas que la CES confirmó los asesinatos de cuatro reos…
Por estos días, la Organización No Gubernamental “Morelos Rinde Cuentas señaló que el primer semestre del 2023 es el peor en los últimos ocho años, en el que la incidencia delictiva registró un aumento en delitos de alto impacto en el estado. En comparación con el primer semestre de cada año, el homicidio doloso creció de 233 a 570 muertes de personas en hechos violentos ocurridos en nuestra entidad. Y contando… (Me leen el lunes).
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