De la carne de cerdo y pollo que llega a Cuernavaca de la CDMX, ¿hay control por parte de la autoridad sanitaria? Probablemente sí, tal es su obligación y lo natural, pero no por lo que respecta al número, para el caso del comentario, de la carne de res. Para ser revisada resellándola, pues sellada ya viene, no pasa por el Rastro de la ciudad; los camiones frigoríficos cargados con canales llegan directamente a las tiendas de autoservicio y en menor proporción a las carnicerías del centro comercial Adolfo López Mateos, a los mercados de la Carolina, Alta Vista, Lomas de la Selva, Buena Vista. ¿Cuántos? Seguramente varios cientos cada día, una cantidad que en el Ayuntamiento ignoran pese a que el resellado de los canales representa una buena suma de dinero. Calculados unos 200 canales diarios a doscientos pesos cada resello, hablaríamos de una recaudación superior a catorce millones de pesos anuales que a las magras finanzas de la Comuna le vendrían de perlas. También está el tema del clembuterol. Lo más probable es que las reses “importadas” de la Ciudad de México no contengan esta sustancia con la que los ganaderos suelen engordarlas rápidamente y que para los humanos que consumen hígado entraña el riesgo de sufrir ceguera. Pudo haber sucedido en el Rastro de Cuernavaca, clausurado por la Comisión para la Protección del Riesgo Sanitario de la Secretaría de Salud Pública durante cuarenta días, entre agosto y septiembre de 2011, y en marzo de 2014 tras de que en la primera ocasión 32 reses dieron positivo a clembuterol y un tanto menos la segunda vez. Resultado: la carne de res se encareció dos pesos por kilo a taqueros, fonderos y restauranteros que por un tiempo se surtieron de este producto en los rastros de Temixco, Jiutepec y Zapata, los cuales tampoco son garantía de control sanitario. Decadente, con instalaciones obsoletas, una planta inútil de aguas residuales e instalaciones rudimentarias que datan de los sesenta, el Rastro de Cuernavaca tiene siete décadas de antigüedad, de modo que su ciclo de vida útil llegó a su fin hace años sin que al menos las últimas siete administraciones municipales y las tres estatales intentaran construir el nuevo Rastro que necesita la ciudad. Edificado en el costado de la carretera Cuernavaca-Cuautla el que suplió al antiguo Rastro de la Carolina durante la gestión 1964-67 del alcalde Ramón Hernández Navarro, entonces Cuernavaca tenía aproximadamente cien mil habitantes contra cuatrocientos mil de la actualidad. Hoy, la mayoría de la carne de pollo, res y cerdo proviene del ex Distrito Federal, donde es sellada, a diferencia de hasta los ochenta cuando el noventa por ciento que consumía la población era del matadero que estaba y sigue ubicado en el Paseo Cuauhnáhuac. Había solamente cuatro “súpers”, uno en la avenida Morelos y Motolinía, otro más en Las Palmas y uno en La Selva, pero vinieron llegando más, ahora con departamentos de carnicerías, tortillerías, panaderías y farmacias que engulleron a estos giros de comercios tradicionales no sólo en Cuernavaca, también en Temixco, Jiutepec, Yautepec y Cuautla cuyos habitantes cambiaron de costumbres… y de precios, más altos en las grandes cadenas de tiendas de autoservicio que en los mercados tradicionales. Un problema que alcanza a un mínimo de un millón de personas, y la advertencia, vieja ya en el caso específico del Rastro capitalino, sobre la urgencia de construir uno nuevo o modernizar el actual. ¿Pero cómo si el Ayuntamiento no puede estar más quebrado y el alcalde Antonio Villalobos es apremiado por prioridades como pagar la nómina, abultada a más no poder, de los trabajadores de la Comuna, los “abonos” de la deuda heredada por administraciones anteriores, etc., etc.? Tal vez con un crédito hipotecario a pagar con los ingresos que genere la misma matanza, o con ingresos propios del Gobierno Estatal, algo punto menos que imposible, o que el gobierno de la federación saliera al rescate, planeando y ejecutando la construcción ya no de un Rastro para la capital, sino uno metropolitano para los municipios conurbados. Caso de volver posible lo que en un momento parece imposible, por ejemplo, la UNY (Unidad Deportiva Yautepec), el conjunto de instalaciones de calidad excelente que no tiene la capital, Cuernavaca, y logró el alcalde Agustín Alonso Gutiérrez para envidia de la buena de los demás municipios. Mientras tanto, el viejo Rastro puede ser objeto de una manita de gato, calculado para eso una “lanita” de apenas dos millones de pesos… (Me leen después).

José Manuel Pérez Durán
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