El 8 de septiembre pasado, pobladores de la comunidad de San Hipólito Xochimilco, perteneciente al municipio de Tecamachalco, ubicado en el centro-oriente del estado de Puebla, lincharon a dos hombres acusándolos de ladrones. A uno le prendieron fuego y al otro lo golpearon y le dispararon con un arma de fuego. Sucedió poco después de que vecinos de la junta auxiliar de San Hipólito Xochiltenango, municipio de Tepeaca, retuvieron y golpearon a dos extorsionadores que intentaron “levantar” a la encargada de una tortillería que se negó a pagar “derecho de piso”. Uno de ellos murió. Lo que siguió fue típico en estos casos: que agentes de seguridad pública municipales y estatales, así como de la Guardia Nacional llegaran al lugar de los hechos, pero los pobladores ya habían huido. No hubo detenidos. El mismo día, en pleno zócalo de Olinalá, municipio de la región de La Montaña en Guerrero de fueron quemados vivos dos presuntos secuestradores y quemados vivos tras intentar cometer un secuestro. Tampoco hubo detenidos. Estos casos de la tradición “linchadora” en pueblos de Morelos hicieron recordar otros que están en la memoria colectiva....
El 27 de abril de 2013, pobladores del municipio de Temoac, Morelos, pretendieron linchar a tres secuestradores y asaltantes que operaban en este municipio ubicado en las cercanías del estado de Puebla. Los criminales fueron capturados por pobladores y llevados a la plaza pública, donde les pusieron una paliza brutal, hasta que llegó la policía municipal y los llevó a la cárcel del lugar. Dada la gravedad de los golpes que presentaba, uno de los detenidos fue trasladado a un hospital ubicado en el municipio vecino de Jantetelco. Según la policía comunitaria de Temoac, ocho días atrás habían sido alertados sobre la presencia de una banda de secuestradores que luego serían capturados por vecinos del poblado de San Marcos, estado de Puebla. Detectada la presencia de tres asaltantes que intentaban despojar de dinero a comerciantes de la zona, los apresaron y los llevaron al centro de la comunidad, donde los tundieron a golpes, hartos de las continuas tropelías de bandas criminales. La región oriente de Morelos, donde se localiza el pueblo de Temoac, era una parte del “Morelos Bronco” donde los linchamientos de criminales y policías corruptos fueron comunes…
Peatonalizada, los coches todavía podían circular alrededor de la Plaza de Armas de Cuernavaca. Viniendo de fines de los setenta, los “hippies” que tiraban para treintañeros merodeaban por el centro de la ciudad, concurridos los fines de semana por lugareños y turistas los cafés y los bares cercanos al Zócalo. Ausente la ola de “gringas”, poco tardarían en llegar a los cursos veraniegos de español para solaz de los muchachos “gabacheros”. La mañana del 17 de marzo de 1977 parecía un día normal, pero no para los reporteros de medios locales y corresponsales de periódicos defeños. Sabíamos que los “temoacos” estaban cerca, que venían caminando procedente desde el crucero de Amayuca, donde habían salido el día anterior y pernoctado en las proximidades de la colonia La Joya. Pardeando la tarde, la multitud irrumpió en la Plaza de Armas de Cuernavaca, hombres y mujeres de los pueblos de Temoac, Popotlán, Huazulco y Amilcingo. Unos cuatro mil abarrotaron la explanada frente al Palacio de Gobierno. Los “orejas” de la Policía Judicial y de Gobernación murmuraban que, camuflajeado entre la muchedumbre, estaba Ramón Danzós, líder del Partido Comunista. Eran tantos que no cupieron en el Salón Gobernadores, de modo que pusieron bocinas para que los de afuera escucharan lo que se diría adentro. La discusión duró horas. Al día siguiente el decreto se publicó en un “alcance” al Periódico Oficial que la muchedumbre de Temoac se llevó, triunfante, culminado su movimiento de separación de Zacualpan que habían iniciado un año antes, y a dos del linchamiento de cuatro policías judiciales que fueron quemados vivos por extorsionadores en la celda de la Ayudantía Municipal de “Tatemoac”… (Me leen mañana).
