Los vemos todos los días. A la mujer o al hombre que cruzan la calle no en la esquina sino a media cuadra, mirando a nadie, indiferentes al tráfico de personas y de vehículos, pasándoles los coches a centímetros, llamando o mensajeando por el celular. Al joven o viejo que maneja y telefonea al mismo tiempo, vuelta común la imagen del rutero distraído que conduce mientras parlotea por el móvil. Tanta gente irresponsable hay que se arriesgan a sí mismas y exponen a terceros a sufrir accidentes, que ya son parte del paisaje en ciudades grandes y pueblos pequeños. Y lo peor: sin que autoridad alguna haya hecho mucho por evitarlo. Contrario a lo que se cree, la casa no es el espacio absolutamente seguro. Suelen ocurrir accidentes: caídas, intoxicaciones, golpes, cortaduras, quemaduras, picaduras de alacranes, más propensos los niños y los adultos mayores a sufrir las consecuencias de estos y otros peligros. Ejemplos: incendios caseros por velas o veladoras del cuadro del santito cerca de los cuales se encuentran objetos y sustancias inflamables (cortinas y alcohol). Almacenar pólvora, gasolina, pinturas o disolventes en casa es un peligro inminente. Para nadie es un secreto que el gas domiciliario es uno de los mayores causantes de explosiones, y el consejo de los bomberos, que primero debe abrirse la llave de la tubería que lleva el gas a la estufa y luego la perilla del fogón que se quiere encender. Por golpes y caídas letales son los accidentes más comunes en el hogar, algunos sin mayores consecuencias pero otros que dejan secuelas ocasionalmente imborrables. Lugares proclives a accidentes hogareños son las escaleras, tambaleantes, los tapetes mal ubicados, muebles con esquinas afiladas, cables de luz y extensiones a la vista, pisos mojados, grandes ventanales o puertas de vidrio sin señalización. Para la limpieza y desinfección del hogar se utilizan productos que facilitan la labor, pero que no siempre son almacenados en lugares seguros. Subrayada la importancia de prevención, no es un tema menor el objetivo del programa “Por una Navidad sin Accidentes” que el pasado fin de semana echó a andar el alcalde de Jiutepec, Rafael Reyes Reyes. Incluida la circunstancia gramatical del pleonasmo, durará hasta el Día de Reyes, pero bueno sería que fuera permanente y a nivel estatal. Se trata de concientizar a la gente para que no incurra en prácticas y acciones que pongan en riesgo su integridad física y la de terceros. Una caravana de vehículos de Protección Civil y de Tránsito y Vialidad difunde a la población jiutepequense recomendaciones para evitar accidentes y daños en su integridad física y en sus bienes. Obvio el propósito de más vale prevenir que lamentar, los promotores sugieren que no adquieran juegos pirotécnicos, revisar instalaciones eléctricas antes de poner los adornos navideños, abrigar a niñas, niños, adolescentes y adultos mayores, no conducir vehículos automotores bajo los influjos del alcohol, etc., etc… En cierta manera, el tema de las compras en días pre navideños tiene que ver con este otro: Antes de que sean estrenadas en las salas cinematográficas, las películas ya están en los tianguis de productos “piratas”. Pasa lo mismo con la música grabada. Todo se “piratea”: ropa y calzado de marcas famosas, programas de cómputo, etc. Cantantes o grupos que sólo pueden ufanarse de haber alcanzado el éxito hasta que les “piratean” un disco. Por cada original, se tocan cien copiados. El colmo: delincuentes que “clonan” patrullas policíacas para dedicarse al atraco y a veces son agarrados con las manos en la masa. Porque diría un patrullero: “para ‘morder’ solamente nosotros, los auténticos policías”. La evasión fiscal, las afectaciones a las industrias disqueras, del cine, ropa y el calzado, las regalías que a los autores les roba el “pirataje” suman miles de millones de pesos. Jamás ha habido cifras precisas, contrapuestos los números del gobierno y de las empresas. Lo que sí se ha dicho es que es un negocio ilícito con utilidades que se pueden comparar con las del narcotráfico y el robo de vehículos. ¿Terminará alguna vez el “pirataje”? No mientras la autoridad arremeta sólo contra los vendedores y muy de vez en cuando aseste algún golpe a los fabricantes. Por aislados, resultan nomás para taparle el ojo al macho los operativos de policías federales e inspectores fiscales cateando bodegas y una que otra fábrica de mercancía apócrifa. La causa tiene nombre: corrupción, y una pregunta: ¿continuará funcionando en el gobierno de la 4-T?.. (Me leen mañana).

 

José Manuel Pérez Durán
jmperezduran@hotmail.com 

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