Nomás dos meses les duró el gusto a los morelenses de estar en verde, del 24 de mayo a ayer domingo. A partir de este lunes al domingo 8 de agosto el semáforo del Covid-19 estará en amarillo –dos semanas nomás, luego de lo cual quién sabe. ¿Por qué el regreso al amarillo? Porque la gente se cansó de las restricciones, sobre todo los jóvenes. Muchos dejaron de usar tapabocas, revirtieron la sana distancia, convirtieron en cercanía la lejanía, regresaron al desmadre de los antros. En la CDMX, las víctimas del cólera virus volvieron a llenar las camas de hospital y, si eso está sucediendo a sólo cien kilómetros de distancia, en Cuernavaca también puede pasar. Que la tercera ola de la pandemia se debe a la variante Delta, más contagiosa que otras.
Eso dicen los expertos, pero lo que salta a la vista son la incredulidad, el desorden, el tedio. Tomás Toral Nájera, vicario general de la Diócesis de Cuernavaca, denunció que las medidas sanitarias también se relajaron dentro de las iglesias, que una parte de los feligreses ya no usa el cubrebocas durante la celebración de las misas. Este y otros factores explican los números de la Secretaría de Salud en Morelos, confirmados 35 mil 924 casos desde que comenzó la pandemia al cierre del jueves pasado, y tres mil 848 defunciones. Eso es lo malo. Y lo bueno, que, de acuerdo al coordinador estatal del plan nacional de vacunación, José Miguel Ángel Van-Dick Puga, en nuestra entidad se han vacunado más de un millón de personas mayores de 18 años, o sea, arriba del cincuenta por ciento del total de la población…
LA postal: ¿A dónde van y de dónde vienen tantas personas? Muchas en carros, camionetas, taxis, “rutas” y motos; y muchas más caminando presurosas. Familias enteras varadas en las esquinas, aguardando impacientes el microbús que las lleve de regreso a casa. Lo que a las chavas y los chavos no les importa gran cosa. Matan el tiempo echando relajo, confundidos los gritos, las palabritas y las palabrotas con los claxonazos estridentes y el ulular lastimero de la ambulancia que se acerca, sacadas inútilmente las manos del paramédico por la ventanilla para que le abran paso. Los carros van a vuelta de rueda, paran, avanzan y retroceden. Tú que manejas, a tu esposa la agarró un dolor de panza. Le pasa todos los años por estas fechas cuando el calor del verano vuelve más peligrosa la ingesta de “antojitos”. Te echa la culpa: “Ha de ser por la torta de chorizo verde que me compraste”. Y tú piensas que eso le pasa por tragona. Te desplazas unos pocos metros, vuelves a frenar y retrocedes otra vez. Tu mamá vive contigo, lo cual no tiene feliz a tu señora. Se preocupa por ti más que la dueña de tus quincenas. Son las diez y no llegas. Su nieta de doce años, que es tu hija, le dice que no te llevaste el celular, de modo que no tiene caso marcarte. Tu jefecita te conoce hasta el modo de andar, teme que tus amigotes te “sonsacaron” y que, para no variar, te fuiste de parranda. Pero tú, que lo único que quieres es llegar a casa, no hallas por dónde seguir. Vas bajando la avenida Morelos a la altura del Diario. Imposible continuar. Tienes suerte o eso crees, alcanzas a ver que el carril sur-norte está despejado, te las arreglas para dar vuelta en “u” y consigues llegar a donde empieza Nezahualcóyotl. De nada te sirve: nuevamente quedas embotellado. A ratos debes apagar el motor, nadie avanza y tu carcacha amenaza calentarse. Para colmo, la gasolina está re cara y con eso de la pandemia tu jefe no te paga viáticos. ¡La maldita pandemia tiene la culpa de todo! Tan felices que éramos cuando ni siquiera conocíamos las palabras cólera virus!.. HISTÓRICO el discurso del presidente Andrés Manuel López Obrador en la ceremonia del 238 aniversario del natalicio del libertador Simón Bolívar, el sábado en el Castillo de Chapultepec. El fin de semana aplazó por un par de días las reacciones de voceros del conservadurismo tipo Joaquín López Dóriga… (Me leen después).
Por: José Manuel Pérez Durán / jmperezduran@hotmail.com
