La migración de los seres humanos es un fenómeno mundial que está presente en todas las épocas de la historia y en todas partes de nuestro planeta. Estos movimientos de la población se han venido incrementando por el desarrollo de los medios de comunicación a partir de la revolución industrial, como es el caso de la construcción de las vías férreas, avance que en México fue posible en el gobierno de “orden y progreso” que a palos, cárcel y deportaciones impuso el dictador Porfirio Díaz.

Para entender las consecuencias del cierre de las fronteras, es necesario tomar una perspectiva de la migración desde el punto de vista histórico y como parte característica de varias especies de animales, entre ellos, el ser humano. No se trata sólo de carencias económicas o de violencia en los países de origen, también es una manifestación en la naturaleza del humano como especie, una explicación que, a riesgo de parecer un rollo teórico, cabe en la reflexión atrilera.

Sin irnos lejos tenemos ejemplos a pasto de la necesidad humana de emigrar: El éxodo del pueblo judío desde Egipto, los viajes de San Pedro y San

Pablo Santiago, el mayor en los primeros tiempos del cristianos; la Hégira de Mahoma, las migraciones de los sefarditas a través de cuatro continentes, la migración desde el lago Titica, en la leyenda de Manco Cápac y en el origen del Imperio Inca, sin olvidar, por supuesto, la peregrinación de los mexicas desde la mítica Aztlán-Chicomostoc o El lugar de las Siete Cuevas hasta llegar al lago de Texcoco, el paraje acuático grandioso en el que su dios principal, el belicoso Huitzilopochtli, les indicó el islote donde debían construir su ciudad con la señal del águila devorando la serpiente.

Este último ejemplo de emigración masiva nos da pie para tomar el tema de los indocumentados mexicanos y latinoamericanos que se quedan varados en la frontera estadounidense, debido a la violencia política del sátrapa Donald Trump. Cuenta la leyenda urbana que los paisanos emigrantes van de regreso a la mítica Aztlán, para recuperar el antiguo señorío de los abuelos mexicas, pero el cumplimiento de ese anhelo de mejor vida en el Norte se verá pronto truncado.

A fin de no hacernos bolas con las variantes del fenómeno migratorio, incluimos las definiciones de los diferentes tipos de movimientos migratorios: Migración temporaria: cuando el migrante va a estar en el lugar de destino por un periodo de tiempo y después regresa a su lugar de origen. Es el caso de los cortadores de caña de Oaxaca y Guerrero que cada año vienen a la zafra. O venían. Migración permanente: cuando el migrante va a estar en el lugar de destino de manera permanente o definitiva, como los paisanos que se han ido a EUA para no volver. Migración forzada: cuando el migrante parte de su lugar de residencia por situaciones que amenazan su vida. Por ejemplo, los conflictos armados o desastres naturales. En México se registraba este tipo de emigración, incluyendo a periodistas que salían del país por amenazas de muerte. Migración voluntaria: cuando el migrante parte de su lugar de residencia por voluntad propia en busca de una mejor calidad de vida. Migración interna: cuando el lugar de destino del migrante es dentro del mismo país y se traslada a otra región o lugar. Migración internacional: cuando el lugar de destino del migrante es otro país diferente.

Una vez que los mexicanos ya no fueron necesitados tuvieron que regresar a su tierra sin que se les hubiera reconocido su valiosa contribución a EUA. Por parte de Donald Trump tal es la ingrata retribución a los migrantes por parte de Donald Trump que en estos días está empeorando… (Me leen mañana).

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