Con la tregua del carrancismo, después del incendio y arrasamiento de pueblos entre 1912 y principios de 1915 a cargo de los generales Victoriano Huerta y Juvencio Robles, en este año Palafox dispuso que un grupo de jóvenes agrónomos voluntarios viajaran a Morelos con el objetivo de hacer el deslinde de las tierras por repartir. Estas comisiones de topógrafos y agrónomos dieron muy buenos resultados, pues marcaron los límites de todos los pueblos, asignándoles tierra de cultivos, bosques y aguas. La organización del pueblo ayudó a facilitar una tarea que se vislumbraba casi imposible debido a lo complicado de repartir tierras recién expropiadas y reclamadas por sus dueños ancestrales, o sea, desde los tiempos del dominio y cobro de tributo por parte del imperio mexica. Como todos sabemos, las tierras habían sido arrebatadas por las haciendas y, al tratar de restituirlas, parecía que las haciendas las habían alquilado a campesinos de otros pueblos desde muchos años atrás. Era un tremendo galimatías que, sin embargo, por la costumbre de dialogar con los representantes de los pueblos para que éstos mismos resolvieran en definitiva el arreglo, impuesta por Zapata y sus jefes hizo ganar autoridad a los comisionados agrónomos. Esta acción fructificó en la colaboración de los campesinos y dio lugar a la participación de los involucrados a través de sus formas tradicionales de organización, como lo era el calpulli de origen prehispánico que se convirtió en el ejido. La utopía morelense tenía que llegar a su fin. Desde la mira del gobierno republicano y centralista, el aislamiento de Morelos equivalía a un “saltarse las trancas” que no se podía tolerar en un territorio cercano y a la vez lejano de la capital del país.
A mediados de 1916, Carranza aumentó la represión sobre Morelos vía una ofensiva militar que no tenía sólo por objetivo acabar con la organización militar del Ejército del Sur, también con la organización popular que ya se respiraba en esta parte de México. Saqueos, asesinatos y violaciones regresaron como táctica para restarle fuerza al apoyo de los pueblos al ejército zapatista; fueron el común denominador de las acciones del nuevo ejército surgido de la revolución carrancista. Fue entonces cuando el pueblo impuso a los “pelones” de Carranza (al ejército constitucionalista) el apodo de “con-sus-uñas-listas”, debido a que oficiales y tropa por igual arrasaron y saquearon casas de ciudades y pueblos, ranchos, comunidades y barrios. En este hurto masivo, el general regiomontano Pablo González hizo pingües ganancias que le alcanzaron para fundar el Mexican American Bank en El Paso Texas que, dicho sea de paso, quebró estrepitosamente con el crack de la bolsa de Nueva York en 1919, sólo meses después del asesinato de Zapata cuyo autor intelectual fue el mismo González... (Me leen mañana).
