A pesar de que el arroz de Morelos es reconocido como uno de los mejores del mundo, la cosecha del año pasado fue muy baja, de sólo cinco mil 500 toneladas. Jesús Solís Alvarado, dirigente de arroceros del sur del estado, calificó esta cifra de preocupante. La cosecha concluyó en diciembre de 2024, y por segundo año consecutivo la producción estuvo por debajo de las expectativas.
La historia:
En julio de 2024, los productores de arroz de los ejidos Mazatepec y Tlatenchi, en Jojutla, estaban confiados en que tendrían una producción de hasta 5 mil toneladas en las 500 hectáreas sembradas ese verano. Optimistas, cuidaban el procesamiento de sus cosechas en los molinos de Cuautla y Puente de Ixtla, donde en septiembre y octubre comenzaron a recibir y maquilar. Un panorama halagüeño, pero no como antes de 1994 cuando en Morelos se sembraba una superficie nueve veces mayor que en 2024, unas 9,500 hectáreas.
El estado de Morelos era una potencia en el mercado nacional del arroz. La historia:
En mayo de 2011, los productores arroceros de nuestra entidad llevaban años esperando la buena nueva así que e l Instituto Mexicano de Propiedad Industrial hizo oficial la denominación de origen del “Arroz Morelos”. Planteado el viejo reclamo de los productores de la gramínea morelense, la entrega de la denominación, que ya tenía el tequila hecho en Jalisco, significaría que ningún arroz de otras entidades podría ostentar la leyenda “calidad Morelos”, como sucedía entonces –¿y ocurre hasta el día de hoy?– con el arroz no morelense que es envasado con la etiqueta de la efigie del generalísimo Morelos para engañar al consumidor, haciéndole creer que lo que compra es arroz con la calidad del morelense.
Tristemente, los avatares de los arroceros de Morelos han tenido múltiples motivos. Un extracto de un estudio elaborado por Jorge Salcedo Aceves y Edwin Javier Barrios Gómez, del Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (INIFAP) de Zacatepec, señaló: ”El arroz es el cuarto cultivo agrícola en el consumo básico de la población mexicana, después de maíz, fríjol y trigo”. Actualmente se consumen alrededor de nueve kilogramos por persona al año. Hasta la entrada en 1994 del Tratado de Libre Comercio (TLCAN), México era casi autosuficiente en la producción de arroz. Posterior al dicho tratado, la superficie sembrada, y consecuentemente la producción, disminuyeron considerablemente. El principal problema del cultivo es la competencia desigual con el arroz de importación, que es más barato que el nacional debido a que existen subsidios y apoyos para la exportación en Estados Unidos.
La apertura de fronteras y la eliminación de los permisos previos y aranceles significaron, a partir de 1990, una caída de la producción arrocera. En el estado de Sinaloa se sembraban de 40 a 60 mil hectáreas anualmente, y en 1999 sólo se sembraron 3.4 mil hectáreas. Morelos pasó de 4 mil hectáreas a 2.9 mil hectáreas, en Campeche de 30 a 19 mil hectáreas y en Veracruz no hubo cambios drásticos. Los molinos arroceros pasaron de 74 en 1985 a 18 en el año 2002, tres de ellos ubicados en Morelos. En 1985, las importaciones representaban el 0.028% de las necesidades de este producto a nivel nacional, y en el año 2002 representó el 85% de la demanda de consumo en el país.
Otra de graves problemáticas por la que atraviesa Morelos es el crecimiento exponencial de la mancha urbana. Provocó que en algunos municipios con tradición y potencial de este cultivo se sembraron casas en lugar de arroz. Los productores, que en su mayor parte oscilaba entre 50 y 60 años de edad, se dedicaron a otras actividades económicas o emigraron en busca de mejores oportunidades de trabajo.
El arroz producido en Morelos tiene una antigüedad de 186 años, sembrado por primera vez en el campo de la Ciénega del Pochote en los terrenos del Colmenar y El Mezquite, de Jojutla, y traída la semilla morada de la costa de Acapulco por Ricardo Sánchez… (Me leen mañana).
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