El Día Internacional de la Mujer data del 8 de marzo de 1857 en Nueva York, cuando miles de trabajadoras textiles fueron duramente reprimidas por salir a las calles para exigir jornadas laborales de diez horas y el fin del trabajo infantil. En México y particularmente en Morelos no hay registros cien por ciento confiables sobre cuándo y cómo empezó a conmemorarse el Día Internacional de la Mujer. Hace relativamente poco tiempo que el término feminicidio es un vocablo de uso común. No lo era en los inicios de los noventa del siglo pasado, cuando ocurrió la historia que ahora cuento. Los personajes existieron, pero omitidos aquí los nombres por respeto al lector.
Sin que hasta hoy haya sido resuelto, hace 31 años que sucedió uno de los feminicidios más sonados. El cadáver de la víctima fue hallado por un campesino, la mañana del 14 de septiembre de 1991 en una planicie próxima al pueblo de Parres. Estaba envuelto en una cortina, con solamente una prenda íntima de color negro; le faltaban la cabeza y las manos. Trasladado al anfiteatro de la delegación Tlalpan, el cuerpo fue identificada por dos doctoras del IMSS de Cuernavaca. Las evidencias contra el esposo de la decapitada eran contundentes. El cadáver no sólo estaba envuelto en una cortina verde, sino además tendido sobre dos costales de alimentos para aves de corral. El sospechoso había comprado una casa en las cercanías del campo de beisbol, donde en el curso de su investigación el comandante de la Policía Judicial a cargo de la investigación encontró varios costales iguales a los que el homicida había usado para tender el cadáver en el descampado donde fue hallado. El sospechoso se había divorciado de la víctima, pero una pensión alimenticia que ella exigió desató el conflicto. Él declaró ante el Ministerio Público que la noche anterior al hallazgo del cadáver había estado en una “fiesta mexicana” desde las tres de la tarde hasta ya entrada la noche, pero su novia lo desmintió diciendo que el sospechoso se había retirado al filo de las seis de la tarde. El mismo día, ella le comentó a su mamá que acudiría a una cita con el sospechoso, “para arreglar el asunto de la pensión”, y una testigo declaró que la tarde de ese día vio que ella abordaba el coche de él. En más de una ocasión el sospechoso fue llamado a declarar en la Procuraduría General de Justicia. Lo hizo amparado y, presumiblemente protegido desde altos niveles del Gobierno Estatal, jamás fue procesado.
En Cuernavaca hubo un tiempo que los meses de septiembre fueron marcados por una suerte de jettatura. El 20 de septiembre de 1987 fue asesinado a tiros el juez federal Pedro Villafuerte Gallegos, afuera de su casa de la colonia Reforma. Para investigar el caso cuatro días después llegó a Cuernavaca el desaparecido jefe de la Interpol-México, Florentino Ventura. Del ataque al juzgador fueron imputados tres hombres originarios del poblado serrano de Corral de Piedra municipio de Chichihualco, Gro., que se habían evadido de la antigua penitenciaría de Atlacomulco saliendo por la puerta principal disfrazados de celadores. También en septiembre del 87 y en el mismo penal, la madrugada del 16 fue ultimado el piloto norteamericano Robert Nelson Read. Cuatro reos fueron señalados como los autores del homicidio. La Procuraduría de Justicia informó que irrumpieron en la “trinaria” donde dormían el aviador y seis reos más. Los sicarios abrieron el candado de la reja, reventándolo con una varilla de 80 centímetros de longitud. Usando el mismo artefacto, uno le pegó asestó un puntazo en la pierna izquierda a Robert y otro en el pecho. Salieron pero regresaron a los cinco minutos para rematar al “gringo”… (Me leen después).
Por: José Manuel Pérez Durán
