Publicado en el periódico oficial “Tierra y libertad”, suena bien pero al morelense común le ha pasado desapercibido el decreto que fija medidas de austeridad. Largo el listado de las disposiciones de la Secretaría de Hacienda, tiene el propósito del ahorro en el gasto del Gobierno Estatal y aplica a muchos rubros, entre otros en servicios de energía eléctrica, agua, telefonía fija y telefonía móvil; mantenimiento, remodelación y conservación de oficinas públicas; arrendamiento de bienes, pasajes, gastos de representación, alimentación y viáticos; papelería, fotocopiado, artículos de oficina y tarjetas personales, así como gastos de edición e impresión de libros y publicaciones (esto último debería ser al revés). Señala que los pagos de viáticos y gastos de transportación a funcionarios aplican únicamente para el desempeño de comisiones oficiales, pero no precisa qué tipo de comisiones. Más importante aún: manca la austeridad, lo es porque el Ejecutivo de Morelos ni siquiera ha propuesto al Legislativo una ley de remuneraciones de los servidores públicos similar al ordenamiento lopezobradorista por el que ningún funcionario del Ejecutivo federal debe tener un salario superior al del presidente de la República, de 108 mil pesos. Para la población, los salarios del gobernador Cuauhtémoc Blanco Bravo, del jefe de la Oficina de la Gubernatura, José Manuel Sanz Rivera, y de los secretarios de despacho son un misterio. También, debe saberse si los magistrados del Tribunal Superior de Justicia mantienen los salarios estratosféricos de cuando el gobierno de Graco Ramírez… HACERSE con el cargo de alcalde o lo que parece ser lo mismo: sacarse la rifa del tigre. Pobres nueve de cada diez ayuntamientos, ¿por qué son tan codiciados? Habría que preguntarles a los presidentes municipales que pronto dejarán de serlo.  Sufrieron, se angustiaron, pasaron noches en vela, siguen padeciendo estrés, desempeñan todavía un puesto que la inseguridad tornó peligroso.  Y sin embargo extrañarán el puesto, por espíritu de servicio los menos y los más por ambición económica. Con la excepción que confirma la regla, la palabra es codicia. Eso sí: la austeridad les llegará inevitable, inminente. Una vez en funciones no tendrán guaruras, un escolta, un chofer y que se conformen. Si acostumbrados están a tener servidumbre, que la paguen de su bolsillo. Por el mismo tenor los secretarios, coordinadores, directores generales y directores a secas del Gobierno Estatal, los siguientes alcaldes, síndicos y funcionarios municipales de primer nivel. A querer o no, deben adaptarse a la austeridad republicana que impone el estilo de gobernar del presidente López Obrador. No tienen opciones, lo toman o lo dejan, y si no les gusta la idea, que se aguanten. Al final, sensibilidad social es de lo que se trata… y a veces no la ven los gobernantes. Por ejemplo, esta postal de Cuernavaca: Una tarde cualquiera de media semana en el primer cuadro, por lo regular congestionadas se muestran desoladas las calles Matamoros, Guerrero y No Reelección. Escasean los transeúntes, pasan pocos taxis ocupados y muchos sin pasaje. Se aburren los empleados de las tiendas, a pocas personas se ve caminar llevando bolsas con la compra recién hecha. Sujeta a la estrechez de dos salarios mínimos, lamenta la joven empleada de la zapatería : “Es que las ventas están muy bajas, y si no hay ventas, no hay comisiones. Dicen que es por la crisis”. Eso de “la crisis”, que está en boca de todos, lo repite la encargada de una tienda de ropa. Habla de negocios cerrados, de que los dueños no aguantan las rentas, así que los trabajadores viven con el temor de que la próxima vez sus patrones les digan que es la última quincena que cobran. La crisis económica no está en las cifras optimistas del gobierno respecto a la inflación y el crecimiento, está en la cotidianidad del alza imparable de precios y servicios, la erosión constante del ingreso familiar, el pasmo de los pocos que tienen dinero pero poco compran. Sucede en Cuernavaca, ciudad de ofertas de casas, departamentos y terrenos que superan a la demanda, abundantes los vendedores y escasos los compradores, los bancos que acumulan propiedades embargadas, la ausencia de inversiones grandes, privadas, locales o foráneas, los hoteles y restaurantes de las ventas bajas. E igual que Cuernavaca, el resto del estado, atrapado hace años en el túnel negro de la economía desplomada al que no se ve la lucecita del final de la pesadilla. ¿Hasta cuándo?.. (Me leen  después).

 

Por: José Manuel Pérez Durán

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