Excepto las de Tetela del Volcán, Temoac, Tlaltizapán y Axochiapan, las leyes de ingresos de los demás municipios, 32, fueron bateadas por el pleno del Congreso Estatal. Rechazadas, muertas en la sesión de anteayer tras semanas de jaloneos, posicionamientos de partidos e individuales. Puestos de pronto “productivos”, los diputados sacaron de un jalón los ordenamientos recaudatorios, clausuraron el primer período ordinario de sesiones e instalaron la Comisión Permanente. Irresponsables, sentenciaron a la estrechez presupuestal a 32 de los 36 ayuntamientos. No a la pobreza, pues pobres ya eran, sino a la miseria recaudatoria porque, de por sí magros los ingresos propios ya estaban negados los incrementos en las participaciones federales… REGIDOR de múltiples áreas –Educación, Cultura, Recreación, Ciencia y Tecnología e Innovación–, sin que ello lo signifique como especialista en alguna, César Salgado Castañeda presume un plan de saneamiento en las barrancas de Cuernavaca. Publicita la primera prueba con agua de la barranca de Sacatierra, dice, para que ambientalistas y catedrático de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos conozcan el proceso de limpieza que pretende realizar en todas las barrancas. La prueba fue con un líquido para verter en las barrancas, del cual Salgado no dice el nombre de la marca comercial pero podría tratarse de uno llamado “Albisol”. Su aplicación debe ser por horas, un compuesto de bacterias que se alimentan de bacterias y ciertamente sanea el agua, le quita el mal olor y la deja más o menos clara. Lo inconveniente es que, repetido una y otra vez, el proceso se vuelve permanente y por lo tanto representa una inversión fuerte, millonaria, así que, si se trata del producto que supone el columnista, antes de ser avalado por científicos especializados en este tema de saneamiento ambiental, habrá que checar precios y, llegado el caso, someter la compra a un concurso nacional. Digo, para no dar lugar a la sospecha de los “moches” y los piquetes de ojo contrarios a la política anticorrupción del presidente Andrés Manuel López Obrador… Al final de lo que se habla es de un problema de seguridad pública, antiguo, y cada vez más grave, recurrentes los reproches de visitantes y lugareños. “Barrancas asquerosas”, tituló el atrilero su entrega del 12 de julio de 2019. Escribí: son las más sucias, sus aguas contienen caca, confirmados siete puntos de partículas de defecación en la del Salto Chico y 150 en la de Sacatierra. ¡Qué asco! Confirmada la cochinada con pruebas de laboratorio y sin que ello sea nada nuevo para los cuernavacenses, no es lo mismo saberlo de oídas que “científicamente”. Ciento cincuenta mil pesos para comenzar a atacar la porquería en estas dos barrancas es demasiado poco, pero por algo se empieza. Regidor de Educación y Cultura del Ayuntamiento, César Salgado Castañeda, anuncia el inicio de la asepsia, acatando una instrucción del alcalde Antonio Villalobos Adán o por iniciativa propia, “en coordinación”, dijo, “con la sociedad y la Iniciativa privada, y siguiendo un plan en varias etapas”. Cuernavaca es lo que es por sus barrancas, venas de vida abiertas que la surcan de norte a sur y nos regalan la primavera perenne. Son un portento, acaso único en el planeta, pero tienen la desventaja de estar tan próximas a nosotros que han sido ninguneadas, dañadas, despreciadas. Cañadas de la antigua Cuauhnáhuac, su maravilla radica en una orografía hundida, escondida por el devastador crecimiento urbano. Las hemos llenado de desagües y utilizado como basureros, habitamos sus riberas, desalojamos su flora y despreciamos su fauna. Parecemos empeñados en acabar con semejante bendición. Ha habido algunos esfuerzos de gobiernos municipales y estatales, de instituciones educativas y de investigación, pero si cada uno de nosotros, cada nativo y residente de Cuernavaca no ponemos de sí para cuidarlas, de nada servirán los programas y acciones oficiales de rescate. A las barrancas hay que devolverles su valor; buena parte de la calidad de vida de los cuernavacenses depende de que así ocurra. En una descripción técnica, las cañadas capitalinas forman un gran cono de deyección que parte de la arista sur de la sierra de Zempoala y se proyecta más allá de los límites de Cuernavaca, hasta Acatlipa pasando Temixco, unos 20 kilómetros al sur. Este rasgo fisiográfico es el que impone su singular fisonomía a Cuernavaca… (Me leen después). 

 

José Manuel Pérez Durán
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