Tal vez hoy sea un día clave para la economía de Morelos. Depende de que los presidentes municipales bloqueen o no el estado. Latente la probabilidad de que así suceda, la condición para que no ocurra la pusieron los alcaldes: una reunión con el gobernador Cuauhtémoc Blanco Bravo, directa, sin intermediarios. ¿Y la razón de la rebeldía o advertencia de los ediles? Que el Congreso Estatal les rechazó a treinta las leyes de ingresos para este año, condenando a igual número de municipios a la pobreza presupuestal. El alcalde de Jiutepec, Rafael Reyes Reyes señaló que la decisión de los diputados, de no actualizar los ingresos del municipio, conducirá a su administración a un callejón sin salida, con un costo político y social, grave. Reyes resume el status de la crisis política: “Los alcaldes somos el muro de contención del malestar de la población, y creo que los legisladores no actuaron con responsabilidad social, ni con altura de miras”. La respuesta del titular de Ejecutivo fue por medio de un comunicado, en cuya parte medular se lee: “…el gobernador Cuauhtémoc Blanco Bravo convocará a una reunión con los 36 presidentes municipales y con los legisladores que atiendan a la atenta y respetuosa invitación que se les hará en los próximos días, para que de forma tripartita se diriman los obstáculos financieros que se presentan este 2020”. Gravísimo por las afectaciones económicas que causaría, inédito porque históricamente no ha ocurrido uno así, el gran bloqueo a la movilidad de personas y vehículos taparía las entradas y salidas en el norte, el sur, el poniente y el oriente de Morelos. Imaginemos algo así sólo en Cuernavaca: La gente sufre. Van y vienen docenas de miles de personas, muchos en carros, camionetas, taxis, “rutas” y motos; muchísimos más caminando presurosos, bañados en sudor; familias enteras varadas en las esquinas, aguardando impacientes el microbús que las llevará de regreso a casa. Pero tardarán horas para que puedan llegar a su destino. Confundidos los gritos, las palabritas y las palabrotas con los claxonazos estridentes y el ulular lastimero de las ambulancias, sacadas inútilmente las manos de los paramédicos por las ventanillas para que les abran paso, los carros van a vuelta de rueda, apiñados; paran, avanzan y retroceden. Tú manejas y a tu esposa la agarró un dolor de panza. Le pasa frecuentemente por la ingesta exagerada de “antojitos”. Piensas que eso le pasa por tragona, pero te echa a ti a la culpa: “Ha de ser por la torta de chorizo que me compraste”. Avanzas unos pocos metros, vuelves a frenar y retrocedes otra vez. Tu mamá vive contigo, lo cual no tiene feliz a tu señora. Se preocupa por ti más que la dueña de tus quincenas. Son las diez y no llegas. Su nieta de doce años, que es tu hija, le dice que no te llevaste el celular, de modo que no tiene caso marcarte. Tu jefecita te conoce hasta el modo de andar, teme que tus amigotes te “sonsacaron” y que, para no variar, te fuiste de parranda. Pero tú, que lo único que quieres es llegar a casa, no hallas por dónde seguir. Vas bajando la avenida Morelos a la altura del Diario. Imposible continuar. Tienes suerte o eso crees, alcanzas a ver que el carril sur-norte está despejado, te las arreglas para dar vuelta en “u” y consigues llegar a donde empieza Nezahualcóyotl. Pero de nada te sirve, nuevamente quedas varado. A ratos debes apagar el motor, nadie avanza y tu carcacha amenaza calentarse. Para colmo, la gasolina está recara y hace semanas que tu patrón no te paga viáticos. Como puedes, consigues llegar a Acapantzingo. Echas pestes pero como quiera pasaste Motolinía, bajaste por Leyva, seguiste por Rufino Tamayo y llegaste a Díaz Ordaz. De ahí a Tabachines será un brinco nomás, y una vez que agarres el libramiento no pararás hasta llegar a tu casa en Temixco. Para entonces llevas hora y media conduciendo, de tanto enclochar te duele la planta del pie izquierdo y tienes la espalda hecha cisco. En una de esas que paras observas a una gorda a la que le hacen “casita” para que haga pipí. Tú estás en las mismas: hace rato que te hizo efecto la botella de litro y medio. Por fortuna ya te falta poco para llegar a Tabachines, dos cuadras solamente y estarás deslizándote en el libramiento de la autopista. Pero nuevamente calculaste mal, el Paso Exprés no te libra del embotellamiento. Coche pegado con coche, besándose las defensas (ahora se dice “facias”), hasta que al fin consigues llegar a tu hogar, dulce hogar. ¡Puf”!.. (Me leen después). 

 

José Manuel Pérez Durán
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