Antes de la llegada de las fiestas decembrinas Cuernavaca, Huitzilac y Tepoztlán integrarán un solo frente contra los conductores borrachos. Una vez puestos de acuerdo, los cabildos de los tres municipios se disponen a aprobar reglamentos de tránsito homologados, informó el director jurídico de la Secretaría de Gobierno, Armando Hernández Del Fabbro. Explicó que los reglamentos fueron revisados por las comisiones edilicias, con el propósito de que los operativos del alcoholímetro puedan ponerse en marcha antes de las fiestas de diciembre, cuando aumenta la afluencia vehicular y se incrementan los accidentes vehiculares en el corredor turístico que integran las tres demarcaciones municipales. Señaló lo consabido: que “los protocolos de alcoholemia estarán enfocados a la prevención de accidentes y la protección de los derechos humanos”. Una vez aprobados los reglamentos, se definirá la ubicación de los alcoholímetros. No mencionó de cuánto será la multa que pagarán las y los automovilistas que no pasen la prueba del alcoholímetro. En diciembre del año pasado fue de casi seis mil pesos y un máximo de siete mil seiscientos, dependiendo del nivel de alcohol detectado en el conductor… Implementado en 2003, hace más de veinte años que el programa Conduce sin Alcohol funciona en la Ciudad de México. Pero en Estados Unidos su historia se remonta siete décadas atrás. A principios de los cincuenta, un doctor de nombre Robert Borkenstein era el jefe del laboratorio de criminología de la Policía Estatal de Indiana. Entonces las personas que conducían en estado de ebriedad cometían un delito que no era fácil probar, y Borkenstein quería crear una manera para regular los accidentes de tráfico de conductores que abusaban de la bebida. Estudió el proceso químico de las moléculas de alcohol concentradas en los alvéolos de los pulmones, que al exhalar pasan al aliento junto con el dióxido de carbono, y en colaboración con el doctor Rolla Neil Harger creó el primer instrumento que detectaba la presencia de alcohol en la sangre… En la Ciudad de México se anunció que empezaría a funcionar en diciembre de 2017, a partir de lo cual a las y los conductores que fueron sorprendidos pasados de copas la parranda les costó 6 mil 67 pesos más IVA. Eso sin contar que fueron advertidos de que serían grabados por videocámaras en los puestos de control. En Cuernavaca, además de la cruda moral, se anunció el castigo físico de que pasarían unas horas encerrados en la mazmorra del juzgado de paz del mercado Adolfo López Mateos, estrecha y pestilentes, no como las instalaciones de El Torito de la CDMX, limpias y amplias. Pero el alcoholímetro fue cancelado, supuestamente por falta de dinero en el Ayuntamiento para construir instalaciones adecuadas… Atrás quedaron los tiempos en que los parranderos arrancaban las noches de viernes en el centro de Cuernavaca, seguían en El Polvorín, compartían la cena en la madrugada y de ahí a Temixco y Emiliano Zapata, sorprendidos los borrachos por los primeros rayos del sol. El regreso a Cuernavaca era a las siete u ocho de la mañana, rematada la parranda maratónica con un plato de pancita en el mercado López Mateos, y sólo hasta entonces, secos ya los bolsillos y el tanque de gasolina, se iban a casa. Pero en aquellos días se podía porque había seguridad, no como años más tarde que la violencia llegó para quedarse en Morelos… (Me leen el lunes).

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