La reunión nacional como oportunidad clave para recuperar la paz.

Morelos vive uno de los momentos más delicados de su historia reciente en materia de seguridad. La violencia, los delitos de alto impacto y la presencia cada vez más visible de grupos delictivos han generado un clima de miedo e incertidumbre entre la población. En este contexto, la realización de una reunión nacional en el estado no es un simple acto protocolario; representa una oportunidad estratégica para colocar a Morelos en el centro de la agenda nacional y exigir acciones concretas que ayuden a recuperar la paz.

Durante los últimos años, Morelos ha enfrentado un aumento sostenido en delitos como homicidios, extorsiones, robos y secuestros. Municipios que antes eran considerados tranquilos hoy aparecen de manera constante en los reportes de violencia. Esta situación no sólo afecta la seguridad de las familias, sino que impacta directamente en la economía, el turismo, la inversión y la confianza social. La inseguridad no surge de la nada. Es el resultado de años de abandono institucional, falta de coordinación entre niveles de gobierno y, en algunos casos, la penetración del crimen organizado en estructuras locales. Por ello, enfrentar el problema requiere algo más que operativos temporales, exige una estrategia nacional con enfoque local. Que Morelos sea sede de una reunión nacional en materia de seguridad tiene un significado profundo. Primero: visibiliza el problema y obliga a las autoridades federales a mirar de frente la realidad del estado. Segundo: permite coordinar esfuerzos entre la federación, el estado y los municipios, algo que históricamente ha fallado. Estas reuniones no deben quedarse en discursos.

Su valor real está en: Asignación de recursos federales extraordinarios. Refuerzo de inteligencia e investigación. Presencia estratégica de fuerzas federales. Evaluación directa del desempeño de autoridades locales. Cuando el problema se discute a nivel nacional, la presión política aumenta y las soluciones dejan de ser opcionales. Uno de los temas más sensibles en Morelos es la cercanía de procesos electorales. La historia reciente del país demuestra que, en tiempos de elecciones, la delincuencia organizada busca influir en los resultados mediante amenazas, financia miento ilegal o imposición de candidatos.

Esto representa un doble riesgo: Que el crimen capture gobiernos locales Que la ciudadanía pierda aún más confianza en las instituciones Por ello, la seguridad no puede separarse del proceso democrático, pero ¿cómo controlar a los precandidatos cercanos a la delincuencia? Este es uno de los puntos más urgentes y menos abordados.

Para evitar que personas vinculadas al crimen accedan al poder, se requieren acciones claras y firmes como filtros reales, no simulados. Los partidos políticos deben aplicar controles estrictos a sus aspirantes, revisando antecedentes financieros, redes de contacto y denuncias públicas. No basta con declarar “no tener antecedentes penales”; sino intervención de instancias federales.

La Unidad de Inteligencia Financiera, la Fiscalía General de la República y el INE de ben colaborar para detectar recursos ilícitos en campa ñas anticipadas; transparencia obligatoria. Todo precandidato debe hacer públicos su declaración patrimonial, el origen de recursos y el equipo cercano de colaboradores.

La opacidad es el mejor aliado del crimen. Muchos vínculos entre políticos y delincuencia se conocen a nivel local, pero el miedo impide denunciar. Se necesitan mecanismos reales de protección para ciudadanos, periodistas y activistas. La seguridad no es sólo tarea del gobierno.

La sociedad juega un papel clave. Normalizar la violencia o justificarla es permitir que avance. La ciudadanía debe exigir rendición de cuentas Informarse antes de votar No apoyar candidatos con “fama” de violentos o corruptos. Denunciar, aunque sea de forma anónima. Una democracia fuerte comienza con ciudadanos críticos y participativos. Morelos no puede solo.

Pensar que Morelos resolverá su crisis de seguridad sin apoyo nacional es una ilusión peligrosa. El estado enfrenta grupos delictivos con recursos, armas y redes que superan la capacidad local. Por eso, la reunión nacional debe traducirse en una estrategia permanente, no en visitas esporádicas. Esto implica: Coordinación constante con la Guardia Nacional. Fortalecimiento de policías municipales. Depuración real de corporaciones infiltradas.

Programas sociales enfocados en jóvenes en riesgo. Seguridad también es desarrollo. No puede haber seguridad sin oportunidades. El abandono social es terreno fértil para el crimen. Invertir en educación, empleo y espacios comunitarios es una estrategia de seguridad a largo plazo. Cada joven rescatado de la violencia es una victoria silenciosa.

Morelos está en una encrucijada. La reunión nacional puede ser un punto de inflexión o una oportunidad desperdiciada. Todo dependerá de que las decisiones se traduzcan en acciones concretas y de que la sociedad no baje la guardia. La seguridad no es un favor del gobierno, es un derecho. Y hoy, más que nunca, Morelos necesita que ese derecho se defienda con firmeza, transparencia y compromiso real. La paz no llegará sola. Hay que construirla. ¿No cree usted?

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