Sin lugar a dudas, uno de los resultados más alarmantes de la pandemia es el avance de la pobreza en todo el país. La pandemia y el tener que detener las actividades productivas por más de tres meses han traído la ruina económica de muchos.

Las asociaciones de comerciantes de empresarios y de diferentes actores económicos han hecho llamados de auxilio, porque muchísimos de sus agremiados están al borde de la quiebra y muchos ya han quebrado, pero el gobierno de México no ha hecho mucho caso de ello. Y, al parecer, los programas no han llegado a todos, y eso desde luego es muy grave porque muchos empresarios y comerciantes tendrán que cerrar o ya cerraron; la situación está difícil y el dinero no se mueve como antes, ya que las restricciones del color naranja no ha dejado abrir muchos lugares que son reactivadores de la economía y, además, no se ha apoyado a muchos de los que, de una u otra manera, están en un verdadero problema, a punto de cerrar.

La economía es un círculo, si el dinero no circula, no hay bienestar que valga y la mayoría de los ciudadanos está usando el recurso mucho o poco que le llega para su propia casa, pero no hay movimiento en restaurantes y bares, así como en muchos comercios que no sean los de los alimentos.

Se puede ver en cualquier parte, nada más hay que recorrer en el vehículo y puede uno ver la gran cantidad de gente poniendo su puesto en la banqueta con lo que producen los árboles de su casa o los que venden en las cajuelas de todo, desde elotes hasta ropa corriente o de paca gringa, el aumento del ambulantaje es grande.

Por lo pronto, el Consejo Coordinador Empresarial dice que es perceptible que la informalidad ha crecido hasta en un 30% a lo largo y ancho del estado, y que se incrementa cada día; y es natural porque la necesidad de muchos que no tienen que comer y cómo mantener a una familia los obliga a ello, o a unirse a la delincuencia.

Según las estimaciones del Consejo Coordinador Empresarial, la tasa de informalidad en Morelos aumentó en al menos un 30 por ciento, debido a la pérdida de empleos provocada por la pandemia del covid-19.

En entrevista, el presidente del organismo empresarial, Ángel Adame Jiménez, aseguró que crecieron el trabajo informal y el trabajo independiente por la emergencia sanitaria y económica provocada por el virus.

Aunque el empresario puntualizó que no tiene las cifras oficiales sobre el crecimiento del comercio informal, estima que pudiera ser de hasta el 30 por ciento.

“Es perceptible. Es un fenómeno que a lo largo y ancho del estado va a ir incrementándose pasando los días y las semanas, seguramente lo iremos notando con mayor persistencia”, manifestó Adame Jiménez.

El líder empresarial sugirió mecanismos para combatir esta situación que afecta de forma directa a empresas y negocios constituidos en la entidad, lo que es un golpe mortal para la generación de empleos y crecimiento del estado.

“El comercio informal es preocupante, significa una competencia desleal, además de que no existe la garantía de que estos negocios cumplan con las medidas sanitarias que estableció la Secretaría de Salud para prevenir los contagios de covid-19”, dijo.

Además, manifestó que mientras exista pérdida de empleos a consecuencia de la pandemia, el trabajo informal o independiente podría también incrementarse.

Pero a principio del año, según datos de la Secretaría de Desarrollo Económico y del Trabajo del Gobierno del Estado, en Morelos cerca del 70 por ciento de los negocios está en la informalidad.

El problema no es sólo que crezca la informalidad, sino la actitud de protección civil municipal que persigue a todos los que tratan de vender algo sin permiso; los bazares están a la orden del día y se vende desde ropa interior hasta chamarras y trajes, la mayoría de ellos usados, porque la necesidad es algo que no perdona, la gente hace la lucha y cada día se encuentra uno a alguien que le pide trabajo.

El problema del aumento de la pobreza tiene dos vertientes graves: muchos se van a la informalidad y no existe una entrada directa a las arcas gubernamentales, pero si el gobierno no los apoya, ahí tienen el resultado; y el más grave es que muchos jóvenes y no tan jóvenes se desvían hacia la delincuencia más por necesidad que por convicción, lo que nos perjudica a todos. ¿Harán algo las autoridades, que no sea la estupidez de sólo repartir algunas despensas? Será difícil. ¿No cree usted?

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