Cuernavaca, la bella ciudad que el barón Von Humboldt bautizara como “La Ciudad de la Eterna Primavera”, ha perdido parte de su encanto con el desorden en el que vivimos.

Uno de los emblemáticos edificios que nos caracterizan es sin lugar a dudas el Palacio de Cortés, que es una copia del palacio que Colón levantó en Santo Domingo, en la hoy República Dominicana, de ahí el propio Hernán Cortés se trajo los planos del palacio y sólo agrandó sus dimensiones.

La historia del palacio es muy larga, pero su arquitectura, después de haber tenido varias remodelaciones, cambió con el terremoto del 19 de septiembre del año pasado, cuando fue dañado de manera importante; por eso, las obras de rehabilitación del Palacio de Cortés, en el centro de Cuernavaca, desplazaron a los cuarenta artesanos que hasta el domingo pasado comerciaban sus productos en el Jardín Pacheco, lo que echaba a perder la vista del edificio.

En varias asociaciones civiles hemos luchado y hemos recolectado firmas para que los comerciantes que se encuentran a su alrededor sean reubicados, ya que, a pesar de que no son morelenses, tienen los mismos derechos que todos como mexicanos, pero las negociaciones del pasado gobierno con el Nuevo Grupo Sindical les permitía hacer lo que quisieran, mientras lo apoyaran en sus aspiraciones políticas, por eso no hay que juzgar de manera tan simple las acciones de la delegación del INAH, que tiene a su cargo y responsabilidad la custodia y cuidado del Palacio de Cortés y su acervo cultural; en él se encuentran los famosos murales que Diego Rivera pintara por encargo del embajador Morrow durante su estancia en Cuernavaca, y que el grupo “Adopte una Obra de Arte”, que preside Cecile Abe, se dio a la tarea de proteger con grandes cristales para que la contaminación de la calle de Leyva no acabara con ellos.

Estos murales son una de las grandes joyas de la ciudad, así como el propio edificio, por lo que tenemos todos que tener cuidado y respeto al patrimonio cultural de nuestra ciudad.

Por ello, desde las cuatro de la madrugada de este lunes empezó la colocación de barreras de madera con que se protegen los trabajos que se realizan en el área, ya que la estructura del edificio se dañó y, siendo parte importante de nuestro patrimonio, hay que cuidarlo. Desde luego que nunca se queda bien con todos y ahora muchos colegas se preocupan por los comerciantes semifijos, quienes deberán de ser reubicados, y eso todos lo agradecemos.

El cierre del Jardín Pacheco, frente al palacio, provocó que se iniciara un largo peregrinar de los semifijos, que deberán aguardar por su reubicación hasta que el Ayuntamiento de Cuernavaca defina a dónde serán trasladados.

Algunos intentaron instalarse en el Callejón del Cubo, pero no había espacio suficiente; tampoco les fue posible en Prolongación Miguel Hidalgo, así que muchos de ellos aguardaron en la Plaza de Armas con sus artesanías empacadas y sus niños, algunos de éstos en carriolas, mientras otros del grupo buscaban que las autoridades les dieran una respuesta. “Es que nosotros vamos al día, y si no vendemos hoy, no comemos”, aseguró una de las vendedoras que, como todos sabemos, vienen del vecino estado de Guerrero; lo que entendemos, pero lo importante será que el Ayuntamiento tome cartas en el asunto y los reubique en donde puedan vender y no echen a perder la vista del emblemático edificio.

El desorden que hemos vivido durante décadas ha permitido que el comercio ambulante tome el centro de la ciudad de manera desordenada, y estamos todos de acuerdo en que todos tenemos derecho de trabajar de una manera honesta, pero hay que tener un orden y que lo que hagamos no perjudique a terceros, y menos a los edificios emblemáticos de nuestra ciudad, que ha crecido de manera desordenada debido a que el desarrollo urbano se ha hecho a base de “mochadas” para obtener permisos y ha sido uno de los signos más fuertes de corrupción de los ayuntamientos pasados de la ciudad.

Queremos un Cuernavaca limpio, con orden y cuidado. Aprovechemos la coyuntura que el INAH nos da y reubiquemos el comercio ambulante, dándole el lugar y la dignidad que merece y dejando libre el Zócalo de nuestra ciudad para beneficio de todos. ¿No cree usted?

 

Por: Teodoro Lavín León

lavinleon@gmail.com / Twitter: @teolavin