El cambio climático volvió a mostrar sus efectos en el Everest, donde un montañista que ascendía la ruta norte encontró el cuerpo de un alpinista desaparecido hace décadas. El hallazgo ocurrió en una zona que normalmente permanece cubierta por hielo permanente, pero que en los últimos años ha comenzado a derretirse aceleradamente.

Según relataron guías de expedición, el montañista que realizaba la travesía notó parte del equipo sobresaliendo entre el hielo, y al acercarse confirmó que se trataba de un cuerpo completamente congelado. La víctima habría permanecido más de 20 o 30 años atrapada en la montaña, en un estado de conservación sorprendente debido a las bajas temperaturas y la falta de oxígeno.

El Everest, donde se estima que más de 200 alpinistas permanecen sepultados, se ha convertido en un sitio donde el deshielo está revelando cada vez más restos humanos. Muchos corresponden a expediciones de los años setenta, ochenta y noventa, cuyos integrantes nunca fueron recuperados.

Expertos explican que rescatar los cuerpos es extremadamente difícil por la altitud, el riesgo de avalanchas y los costos elevados que implica un operativo a más de ocho mil metros. Aun así, el hallazgo ha renovado la esperanza de familias que continúan esperando respuestas sobre seres queridos desaparecidos en la montaña.

El acontecimiento reaviva el debate sobre los efectos del calentamiento global en las grandes cumbres, donde el retroceso del hielo no solo cambia la ruta de ascenso, sino que expone historias congeladas en el tiempo, ahora reveladas por un clima cada vez más extremo.

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