La verdad yo ya traía entre ojos a ese Félix y siempre me dio mala espina, para que es más que la verdad. Y no se crea que tengo algo personal contra él, como anda diciendo el panadero, al contrario, en todo caso yo lo puedo acusar a él de alcahuete de Félix pues es su compadre y seguro se tapan con la misma cobija.
Qué casualidad que nunca supo nada de las porquerías que hacía Félix y esa bola de viciosos amigos suyos. Eso sí, todos los domingos ahí estaban puntualitos en la iglesia, muy bañaditos y perfumados como si con ello purificaran su conciencia los cabrones.
Ahora se lavan las manos y se hacen que Dios les habla cuando sale el tema de su amigo el carnicero y las cochinadas que hacían. Hoy reniegan de él, pero qué tal cuando Félix les mandaba sus bonches de carne para que hasta sus perros comieran con manteca. No, si con el hocico lleno cuesta hablar.
Yo le aclaré las paradas al panadero porque me dice que estoy injuriando a su compadre ahora que no está, quesque él siempre ha sido un buen cristiano y vecino y no es justo que se haga caso a chismes. Yo le dejé claro al baboso que conmigo no van esos reclamos pues en todo caso las habladurías no las inicié yo. Todos en la colonia hablan del desmadre que se hizo con lo que salió a la luz de los perros muertos encontrados en el rastro y todos señalan a Félix pues alguien lo vio bajándolos de su camioneta. Y hasta le hice la observación al panadero que si no se le hacía extraño que desde que se supo todo el desmán de los perros el carnicero y su familia desaparecieron.
También le dije que yo como funcionario judicial tengo mis maneras de entender las cosas y atar cabos, y según mi experiencia todo apunta a que su compadrito está metido en algo muy puerco y que no me extrañaría ni tantito que la cosa se hiciera grande y lo salpique a él y muchos más en la colonia.
Digo, no lo quise decir otras cosas que sé, pero nomás vi como tragó saliva el tarado.
Si supiera lo que encontramos ayer en la casa del angelito que tiene por compadre. Digo, no teníamos orden de cateo ni nada por el estilo pues no había razón para sospechar de Félix, pero los vecinos reportaron que de la casa salían olores muy feos a carne podrida y no nos quedó más remedio que meternos y llevarnos una sorpresa muy dura.
La verdad yo me considero un cabrón muy hecho a lidiar con la crema y nata de la porquería humana o, mejor dicho, la pus y bilis de las almas oscuras que he conocido en esta chamba tan fea, pero lo de Félix me revolvió feo las tripas y deja bien jodida mi fe en las personas.
Creo que influye mucho el hecho de conocer de varios años a Félix y tenerlo bajo el concepto de un tipo responsable, buen padre de familia y volcado en servir a su comunidad a través de la iglesia. Bueno así lo veía antes y también por eso me caía gordo pero lo respetaba tantito.
Por Dios que si no hubiera visto lo que vi estaría como el panadero creyendo en la inocencia y buena reputación del carnicero, pero el cabrón sabe su pecado y anda de pelada en ca'lanalga del diablo seguramente.
Y más le vale, porque la semana que viene se van a dar a conocer todas las cosas que encontramos en su casa y después de eso ni su madre va a querer defenderlo al infeliz.
Digo, una cosa es matar perros y otra lo que vimos mis compas y yo; para empezar un montón de carne agusanada en contenedores apilados en la cocina. Se ve que salió de pelada con su familia y ya no le dio tiempo de meter la carne a los refrigeradores. De ahí venía la peste que reportaron los vecinos.
La decadencia humana es algo que concedo pero no entiendo, y mucho menos en casos como éste. Uno pensaría que la gente mala Dios te la señalaría, como dice la sabiduría popular, y sería lo justo pues así todos sabríamos a qué atenernos con cada torvo y contrahecho que se atraviese por nuestras vidas, pero qué va. Andamos en la calle como si nada, con el pecho sano, sin saber con quien nos cruzamos o a cuántos abusadores, degenerados o asesinos saludamos, o nos saludan, y entablamos con ellos esa plática insulsa que inicia con el clima y se deriva a los chismes de moda.
Pienso en eso porque ya no me imagino cómo podría ver a Félix en la calle y pensar en saludarlo como antes, casi como amigos. ¿Con cuántos cómo él me cruzaré a diario cada vez que voy a la chamba o a dejar a mis hijos a la escuela? Gente que parece normalita que incluso uno la conoce y hablaría bien de ella convencido de que es decente y bien nacida. Pero bien dicen que caras vemos...
El Félix nunca me cayó tan bien, ya lo dije, pero, la verdad, hasta la semana pasada yo sabía que eran mis prejuicios los que se ensañaban con él pues todos los días me restregaba su superioridad moral de padre de familia intachable o con su cacareado ministerio en la iglesia. Era el típico ratón de sacristía, comesantos-cagadiablos, que siempre he despreciado... (prejuicios al fin).
Creo que su buen comportamiento fue legítimo durante mucho tiempo, claro, con los estigmas propios de una vida aburrida carente de originalidad y sutilezas, pero ciertamente forjó una reputación que lo elevó a la vista de todos en la colonia como ejemplo de honradez y valores, pero algo pasó después (ahora lo veo un poco más claro) que él se degradó a un nivel horrible. Estoy seguro que fue cuando abrió su carnicería y le empezó a ir rebién.
Félix antes era panadero y trabajaba con Margarito, su compadre, pero cuando supo que el viejillo Vicente traspasaba su carnicería consiguió un préstamo grande en el banco y se hizo de ella.
Quién sabe cómo le haya hecho para que le aprobaran tan rápido el préstamo -ahora ya todo me parece sospechoso- pero Félix consiguió la lana y se hizo cargo del negocio que estaba muy bien acreditado y no fue difícil para él mantenerlo a flote y mejorarlo pues era muy trabajador y responsable, lo que sea de cada quien.
Por intuición y sentido común yo ya estaba convencido de que ahí empezó todo, pero entre el montón de cosas que encontramos en su casa, en una de las computadoras aparecieron unos videos que me hicieron comprobar todo.
La grabación más vieja coincide con la fecha de inauguración de la carnicería. Ahí se ve al Félix en la celebración con la familia y vecinos. Ese video sólo sirve para corroborar los datos de cuándo empezó todo el desmán y el número de involucrados que aparecen en otros nueve videos perturbadores: 7 individuos incluido Félix.
Hay otros en los que grabaron rituales y cosas como de santería y de la iglesia pero están mezclados con videos de viajes de la familia y temas de la escuela de los hijos. Se ve que estuvieron borrando archivos y reorganizando carpetas, pero conservaron uno, asqueroso, donde se ve a Félix matando perros en una bodega vieja, al parecer es la parte de atrás del rastro municipal.
Ahí se ve al cabrón carnicero dándose vuelo con cinco perritos amarrados que aullan horrorizados e impotentes ante el ataque de un desquiciado y su moruna. Después Félix cuelga los cuerpos de los animales con ganchos de la carnicería y los desolla con la habilidad propia de su oficio. En algún momento voltea a la cámara y sonríe con una expresión sádica de satisfacción.
El video es muy largo pero lo pasamos rápido por repugnante y sobre todo porque necesitábamos revisar los otros que anunciaban algo peor. Como quiera ya estaba claro que los perros encontrados en el rastro eran de Félix. Sabrá Dios desde cuándo lo hacía y si aparte de matarlos los vendía en la carnicería, el muy desdichado.
Elegimos al azar uno de los nueve videos y nos dispusimos a verlos pero sólo alcanzamos a ver tres minutos. Aplicamos el mismo criterio del de los perros, los corrimos en cámara rápida para consignar duración y algún cambio significativo en el desarrollo. Repetimos el procedicimiento con los otros ocho.
Concluimos que los videos fueron grabados en años sucesivos, uno por año durante los nueve anteriores. Que las fechas eran casi las mismas, siempre en jueves, y que muy probablemente eso se debía al carácter ritualístico del evento documentado. A saber a qué demonios se los dedicaban estos indeseables.
En todos los videos aparecen siete individuos vestidos con ropa ceremonial y cada uno cubre su rostro con una cabeza de perro hecha con papel maché que más que para tapar la identidad parece ser parte del concepto del ritual. Se ven ridículos, parecen piñatas y como quiera todos son fácilmente identificables, empezando por Félix, que en la ceremonia funge como líder. Los otros seis son el grupo de amigos que aparecen por primera vez en el video de la inauguración de la carnicería: tres carniceros, uno de sus cuñados que tenía un negocio de cámaras de vigilancia, un vigilante del rastro y el jefe de seguridad. La verdad, aunque me sorprendió no ver ahí al panadero me dio gusto pues creo que es buena gente, tonto sí, pero nada que ver con su compadre ni estos dementes.
La toma es fija y en el centro aparece una mesa de acero inoxidable sobre la cual se encuentran atados un hombre de unos 50 años, muy probablemente un mendigo al que vistieron con ropas de mujer, y un perro callejero. Se ve que el hombre está alcoholizado y suplica lleno de miedo. Nadie le hace caso.
La fila de siete perros grotescos pasa uno a uno junto al pobre individuo que grita horrorizado. Cada uno lleva una daga ritualística que muestran a la cámara al momento que aullan eufóricos y atacan al perro ante la confusión del mendigo. El primero le saca un ojo. El segundo, el otro.
El tercero le corta una oreja. El cuarto, la otra.
El quinto le corta la lengua. El sexto corta el miembro. El séptimo -el infeliz sacerdote de ese culto carnicero- le saca el corazón... y grita extasiado al momento que se quita la máscara.
Es Félix, sudoroso y babeante. Su rostro horroriza al mendigo. A él le fue peor.
