C ada vez es más difícil concentrarse en lo esen cial. La búsqueda de res puestas implica a menu do piedras en el zapato, como esas noticias que lees o escu chas y que te hacen dudar de la opor tunidad perdida para escribir sobre lo frívolo. Un ejemplo: el nombramiento de Fidel Herrera Beltrán como cónsul en España después de asaltar, como poco, el patrimonio y la dignidad de miles de mexicanos. Debe ser delei tante alcanzar la cúspide del perfec to timador y que te premien después con unas vacaciones pagadas en el le vante español. En realidad sí que hay una esencia en ese espacio, la náusea, pero no se trata de pasar un mal rato escribiendo sobre ella. Muy cerca de la playa donde He rrera toma el sol, a 40 kilómetros al oeste, en la localidad de Santi llana del Mar (Cantabria), se en cuentran las cuevas de Altamira.
Hace 15 mil años, en esas mis mas cuevas, un grupo de seres humanos trataron de represen tar su espacio con actos rituales que luego pasaron a la posteridad como pinturas rupestres, como arte. Tras conocer los 200 me tros de cavidades subterráneas, el pintor español Miquel Barceló afirmaba: “Creer que el arte ha avanzado mucho desde Altamira a Cezanne es una pretensión oc cidental, vana”. La visita es completamente guia da. Se hace a cuentagotas y con de cenas de turistas pidiendo cita por internet con unos cuantos meses de antelación.
Observar las pinturas lle varía unas cuantas horas, pero en la cultura de la ilusión estética no hay tiempo para pensar, sólo para pasar. Una piedra más en el zapato. Para entender el espacio que ocupan las pinturas rupestres es ne cesario comprender primero la au sencia; de luz, por ejemplo. Lo que ahora está convenientemente ilu minado era hace 15 mil años un lu gar de oscuridad, quizá visible sólo por un haz que penetraba desde una grieta o por el reflejo del fuego que un clan había logrado prender tras la caza. En esa oscuridad, varios hom bres trataban de representar algo con pigmentos minerales y grasa animal. El objeto es claro: caballos, bison tes, ciervos, jabalíes y todo lo que te nía que ver entonces con los elemen tos necesarios de la supervivencia; no hay, sin embargo, marcos ni pers pectivas aparentes. Los animales es tán representados de perfil y sin una coherencia visual. Los animales pue den aparecer unos encima de otros y en algunos casos también inacaba dos. El hecho de que estén represen tados de perfil tampoco implicaría una esencia. Los dibujos terminan mirando de frente porque hay un en cuentro visual (no tangible) entre el autor y su obra, en este caso entre el cazador y su presa. Al tratar de fijar la mirada en uno de esos animales en particular, la ni tidez desaparece, como un objetivo sin foco.
En cambio, al observarlas de manera panorámica cobran un sentido. Las pinturas sobre la roca sólo son perceptibles como un todo. No hay distancias entre una pintura y otra; todas coexisten y tienen una unidad; y quizá sea esa la perspecti va de los hombres nómadas que re presentaban animales en una cueva. La misma perspectiva que hablaba de un espacio rodeado de amenazas y de ausencias: de luz, de calma, de garantías. Sólo eran humanos in crustados en la naturaleza como parte ineludible de un todo. Las pin turas rupestres son esencialmente eso, una firma de pertenencia. Otro detalle llama la atención. Aquellos hombres usaban las rocas para dar relieve a sus objetos de re presentación, y es posible que no podamos distinguir a los animales como parte de un escenario donde los objetos entran de un lado u otro. En este caso, los animales parecen salir de la misma roca, empujan do desde el interior. De ese espacio nace todo: el animal, el hombre y la ausencia, aunque no sé si esto es im portante en un mundo diseñado para cónsules.
LA VIEJA CULTURA
En el Colegio Preparatorio de la avenida Juárez nos congregaron en el auditorio, una mañana, para escuchar a José Vasconcelos. Era un hombre más bien pequeño, con una calvicie muy estudiada, ner vioso y agresivo. No recuerdo qué dijo, pero sí recuerdo cómo lo dijo. El era uno de los monstruos sagra dos de una vieja y decadente cultura; el de la palabra dicha desde el podium o desde la tribuna. Se nos hablaba entonces con frui ción, de las polémicas entre Lombardo Toledano y don Antonio Caso, e incluso había unos cuadernillos, de admirado res desconocidos, recogiendo aquellas frases y quizá razones, lanzadas como proyectiles ante una multitud delirante. Era aún el momento de la oratoria. El arte de decir en público era una institución venerable que se aprendía como se aprende ahora música. No ha bía aspirante a político que no leyera, en sus ratos perdidos, a Cicerón y quizá a Demóstenes. Pero ahora que hemos recorrido tan aviesos caminos, la palabra dicha desde el podium está desprestigiada. Nadie, que yo conozca, tiene el míni mo respeto por esta expresión de una vieja cultura. Es una moneda falsa que ya no tiene brillo. ¿Quién es capaz de escuchar, sin un bostezo, a un orador del PRI? ¿Por qué todavía en las escuelas nuestras se mantiene la preocupación de hacer oradores? Es una sobrevi vencia de nuestro mesozoico cultu ral. En la escuela, en la preparatoria, en la profesional, hay que enseñar a los muchachos a hacer, no a hablar.
Miedo
Tan grandes son sus temores que ni la burla perdona: ¿Vendrán por una persona aviones y destructores? para los miedos mayores de este ñoño suripanto se le aconseja entre tanto se compre un perro feroz... pero si el miedo es atroz mejor se cure de espanto.
‘Destructor y aviones cisterna norte americanos. Viene por López’... Gabriel Quadri
‘O nos ponemos las pilas o la #Presi dentaCensura nos convertirá en un país como Venezuela, Nicaragua o Cuba. Primero nos quitaron la transparencia, está en proceso la destruccion del Po der Judicial y ahora pretenden acabar con la libertad de expresión’. Xóchitl Gálvez Excandidata del PriAn
Ideota Vaya torrente creativo de la señora del PriAn con este inspirado plan de inesperado objetivo; con tanto facho cautivo, histriónico y obcecado ¿existirá un abusado dudando de la secuela? ¿seremos ya Venezuela? ¡ni quién lo hubiera pensado!
Ya quisiera López Obrador un gramo de la autoridad moral con la que Zedi llo acabó su presidencia. Pueden citarme. Fernando Belaunzarán Político Desextinguido Nomás para hacer corajes lo trajeron sin su venia, despertó de la criogenia confundido por el viaje; presumiendo el dino-traje le pasó lo que al perico, se dio cuenta que es muy chico y su mundo ya no existe, nadamás sirvió de chiste.... y pa’romperle el hocico
