Para el Arq. Gerardo Palma

1.Hace por lo menos tres décadas, a partir de los sismos de 1985, que los encargados de poner en práctica las políticas culturales del país -siendo estas siempre poco claras en sus particulares- debieron haber buscado la creación de un fondo específico para la continua restauración y conservación de nuestro PATRIMONIO MATERIAL también conocido como TANGIBLE, mismo que sufre continuamente por culpa del vandalismo, el paso del tiempo y los desastres naturales. Para nuestros edificios históricos el FONDEN no es suficiente. Este fideicomiso también se encarga de la rehabilitación de las viviendas afectadas, capítulo fundamental del desarrollo sustentable del país.

Le llamamos patrimonio dañado, pero deberíamos llamarle PATRIMONIO DOLIENTE, si pensamos desde una perspectiva humana y no material: es a nosotros a quienes nos duele no poder entrar a un recinto, porque Protección Civil no ha liberado los permisos correspondientes y los catálogos de conceptos de los contratistas encargados de las obras de restauración no coinciden con los criterios del INAH. O peor, tantito, porque se vencen los plazos del ejercicio presupuestal, debido a que los tiempos de trabajo de las instituciones son lentos.

2.La Ex-Hacienda de Chinameca, construida a principios del siglo XX por Don León Salinas estará en la mira mundial en un par de meses, debido a que 2019 será el Año de Emiliano Zapata, por el centenario luctuoso del héroe revolucionario. Afectado el edificio por los sismos del 19S, pensamos en la urgencia de su rescate, pero también en la vigencia de su tiempo de vida útil como museo del agrarismo. 

Con apenas 18 años de existir, LA NUEVA IMAGEN DE UN EDIFICIO DEL VIEJO MUNDO CADUCA. El museo necesita renovar sus contenidos, porque la narrativa que le da sustento no ha alcanza para atraer la cantidad de público deseado. A ello contribuye desde luego el hecho de que la comunidad no ofrece actualmente los recursos que requiere el turista cultural (alojamientos, restaurantes, tiendas, entretenimiento para toda la familia, mayor información para el curioso y el estudioso). 

3.Platicando con el Ing. Mauricio Guzmán (Constructora Guzmán S.A.) y los arquitectos Gerardo López y Antonio Zamora, responsables del rescate del dormitorio de Mariano Matamoros en Jantetelco (INAH-STyC) y de este sitio que conforma la tan sui generis ruta zapatista (que incluye los museos de sitio de Tlaltizapán y Anenecuilco), me entero de que se le inyecta Pozzolime, un pegamento flexible a los muros afectados estructuralmente para consolidar el material constitutivo y de que se preven unos 140 días de trabajos continuos para la rehabilitación del inmueble. No obstante, la separación del vértice estructural del lado izquierdo de la fachada requerirá una demolición que deberá cumplir con los criterios establecidos por organismos internacionales. 

Esto preocupa porque las fechas no ajustan para llegar a la conmemoración del centenario luctuoso, pero creo que el problema mayor reside en la falta de consciencia sobre el VALOR SIMBÓLICO del patrimonio y la utilidad de los museos para el residente de la localidad. El orgullo de pertenecer debería hacerse patente entre la gente. Ni rejas, ni la policía, ni el embellecimiento del lugar serán suficientes si el lugareño no es el primero que cuida su casa.

4.A esto hay que agregarle como una herida casi mortal, el asunto del Archivo Histórico del Estado. Me enteré el viernes pasado por el programa La Opinión TV Morelos, que conduce nuestro amigo Héctor Parra González de que éste se encuentra en CONDICIONES DEPLORABLES. Quedamos mal ante el mundo, no sólo porque no se han ordenado nunca en archiveros o anaqueles los documentos que dan fe de nuestra historia, sino porque no existen las condiciones de conservación que evitarían los daños causados por la humedad, los hongos y las ratas. 

Al daño edilicio hay que sumarle la dilución de nuestra identidad colectiva. No nacimos ayer, sino hace 150 años, fecha que se celebrará también el año próximo. Chinameca y el Archivo Histórico son dos de los articuladores de nuestro Patrimonio Doliente, pero desgraciadamente hay más. FIN

Por: María Helena González

helenanoval@yahoo.com.mx


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