Mientras Jiutepec sigue batallando con problemas reales —calles destruidas, inseguridad, servicios deficientes, falta de agua y colonias olvidadas— el Gobierno Municipal decidió ponerse otro sombrero: el de empresario de espectáculos masivos.
Y no es exageración: el Ayuntamiento ya anunció la venta de boletos para el “Baile del Carnaval Jiutepec 2026”, con precios de $500 General, $1,000 Oro y hasta $10,000 VIP, promocionándolo desde canales institucionales como si fuera una empresa privada, pero con el poder, la infraestructura y los recursos de un gobierno.
Esto no es “cultura”. Esto no es “tradición”. Esto es un gobierno cobrando como empresario, usando su posición para operar un negocio.
Gobierno municipal: juez, parte y cajero
El problema de fondo no es que haya carnaval. Nadie está en contra de las fiestas populares.
El problema es que la autoridad municipal se convirtió en organizador y vendedor de boletos, lo cual abre una puerta peligrosa y muy conocida: opacidad, conflicto de interés y uso discrecional de dinero.
Porque cuando el gobierno organiza el evento:
- Controla permisos, horarios, alcohol y seguridad
- Decide proveedores y contratos (audio, escenario, logística)
- Administra taquilla y recaudación
- Además cobra boletos
Entonces ya no hay neutralidad, ni reglas parejas: es juez y parte.
- ¿Quién supervisa al gobierno cuando el gobierno es el empresario?
- ¿Quién audita la taquilla?
- ¿En qué cuenta se deposita lo recaudado?
- ¿Quién se queda con la ganancia?
- ¿A qué empresa se le dio el contrato y por qué?
- ¿Hubo licitación o se entregó “a dedo”?
Lo que debería ser un evento ciudadano se convierte en una maquinaria perfecta para el desorden administrativo: mucho efectivo, muchos contratos, mucha discrecionalidad y poca transparencia.
Un municipio con problemas… jugando al promotor
En cualquier ciudad seria, un gobierno municipal se enfoca en:
- Servicios públicos
- Planeación urbana
- Seguridad
- Orden y prevención
En Jiutepec, en cambio, hoy vemos otra prioridad: organizar bailes masivos.
Y eso es una señal grave: cuando un gobierno necesita reflectores, artistas y fiestas para “lucir”, es porque no tiene resultados reales para mostrar.
¿De qué sirve presumir carnaval si las colonias siguen sin agua, si el alumbrado falla y si las calles parecen zona de guerra?
Doble cobro al ciudadano
El cinismo es evidente: la gente ya paga impuestos para que el gobierno funcione. Pero ahora resulta que además:
- Se usa logística municipal
- Se usan espacios públicos
- Se usa personal pagado por el erario
- Se usa propaganda institucional
Y todavía se cobra entrada como si fuera negocio privado.
Eso se llama doble cobro: el ciudadano financia con impuestos y luego vuelve a pagar boleto.
La verdadera pregunta: ¿cultura o caja?
Si el objetivo fuera cultural, el acceso sería público, abierto, con rendición de cuentas clara y sin VIPs de $10,000.
Pero cuando hay boletaje, zonas oro, zonas VIP, reservaciones y taquilla organizada por el gobierno, no estamos ante cultura: estamos ante un modelo donde la administración municipal opera como empresa de entretenimiento.
Y cuando el gobierno maneja caja y espectáculo al mismo tiempo, en México ya sabemos en qué termina: Contratos inflados, proveedores favoritos y dinero sin rastreo.
Jiutepec merece gobierno, no promotoras
El Ayuntamiento tiene una obligación: gobernar.
No hacer de empresario de eventos, no convertirse en boletero, no usar el poder público como plataforma comercial.
Un gobierno que se dedica a vender fiestas mientras el municipio está lleno de carencias no administra, no resuelve, no transforma: distrae.
Porque cuando se apagan las luces del escenario, la realidad regresa: las calles siguen igual, la inseguridad sigue igual y los servicios siguen igual… pero el dinero recaudado quién sabe dónde quedó.
