In memoriam

Si te fueras a ir a un largo viaje, querido Carlos, y te tuviera que escribir una carta de despedida, te diría que no te preocupes, porque vives en el corazón de muchísimas personas en Cuernavaca. Basta entrar al Facebook para darnos cuenta de cuán querido eres: tanto tus amigos del Colegio Cristóbal Colón, en donde fuiste alumno destacado, integrante de la escolta y del Estado Mayor del Padre Armando Vargas Caraza, como el gremio de los comunicadores -por poner dos ejemplos-, se refieren a ti como una persona, bondadosa, amable, generosa y leal.
Siempre dispuesto a volver a casa, participaste en todas las reuniones de exalumnos que organizamos, recordando lo más valioso de las enseñanzas del fundador de la institución. Buscabas siempre sumar. Y mediar.
Ya como profesionista y desde tus inicios en la compañía que fundó Don Jaime Morales Guillén, a quien tanto quisiste, sentaste precedentes en varios rubros. Pionero de la TV y el radio en Morelos, el micrófono lo empleaste siempre para hacer el bien en la comunidad. Incluso cuando las cosas a tratar eran espinosas, sabías manejarlas con el don del “bien decir.” Será por eso que muchos años después, ya estando en el Instituto Morelense de Radio y Televisión, cuando Olga Durón decidió crear “El Ojo de la Mosca”, revista radiofónica cultural, te dio toda la confianza para conducirlo y darle el perfil que conserva hasta el día de hoy. Por supuesto, lograste posicionarlo, junto con nuestra Laurita Duarte, como un referente indispensable en materia de difusión cultural. 
Porque eso, sí, uno de tus temas preferidos para platicar era precisamente el del acontecer literario, musical y museístico en la entidad. Como buen “hijo de tigre” y siendo Doña Alicia Félix poeta y escritora, naciste igual de sensible. Por eso también tu amistad con tantos artistas, periodistas, promotores culturales, poetas y músicos. Entre los primeros el Maestro Jorge Cázares; entre los segundos Paco Guerrero Garro, Paco López, Elena de Hoyos, Miguel Izquierdo, Isadora Escobedo y tantos otros destacados integrantes del gremio cultural, ese que siempre trabaja a marchas forzadas y con pocos recursos; ese que sin parar nos alegra la vida, hasta cuando las cosas van mal, como hoy.
Dice la canción que cuando un amigo se va, algo se muere en el alma, y fíjate Carlos, que algo así nos sucede a muchas personas que te queremos. Me queda claro que te vamos a extrañar muchísimo, porque tu caballerosidad y tu bonhomía sembraron en cada uno de nosotros una semilla valiosísima y pura, sin transgénicos diríamos hoy. Esa semilla es la de la amistad. No creo exagerar, cuando digo que repartías favores por doquier, ya fuera como presidente de los locutores, como maestro de ceremonias, o como conductor de los eventos más significativos para los morelenses. Sin dudarlo, y para que todo saliera bien, te buscaban políticos, colegas, artistas, rotarios y deportistas. Y es que siempre mostraste la voluntad de apoyar más allá de lo que te tocaba hacer. Del reconocimiento de tu seriedad y  profesionalismo nacieron también las entrevistas que realizaste a personajes de talla nacional e internacional.
Hace poco escribiste que el tiempo se mide en los abrazos que se dan y en las sonrisas que se intercambian después de la complicidad de las miradas, y eso creo yo, es lo que nos cala en el alma. Por eso tu partida nos ha dejado un poco mudos. Nos van a faltar tus apapachos.
Nos quedan claro está, muchas fotografías de tu rostro siempre sonriente y muchos recuerdos de las reuniones de trabajo y amistad que compartimos. Una de las más recientes, hace unos tres meses, con Jorge López Flores, en su oficina del Diario de Morelos ¿recuerdas que no podías dejar el teléfono, porque el Ayuntamiento te demandaba atención 24 / 7? 
¡Ay, tanto trabajo tenías, querido Carlos, tanto le diste a ese Ayuntamiento, que estando enfermo, seguías enviando whatsapps y revisando cosas! Lamentables, terribles, los momentos de esta enfermedad que nos ha causado tanto dolor y tantas pérdidas en el mundo. Maldita sea, esta pandemia que hoy nos separa, Carlos. 
Me despido de ti, entrañable amigo, pensando en continuar el diálogo contigo y sobre ti con la gente. Seguro hay mucho más que decir. FIN  

Por María Helena González / helenagonzalezcultura@gmail.com