Bienvenidos a la primera clase presencial. Espero que hayan aprendido lo suficiente para seguir con el mismo ritmo que traíamos hace un año –comenzó su clase de Historia de México el profesor Gabriel Ramos, mientras los jóvenes sacaban sus apuntes de segundo de preparatoria. 

Se escucharon murmullos de satisfacción, ya que durante las clases por línea podían revisar los libros de historia de la biblioteca de la casa o buscarlo por la computadora con relatos, fotografías, personajes y en especial los conflictos del pasado de México.

Nadie se atrevía a decir algo porque no deseaban ser el hazmerreír de todo el salón, hasta que Amparo, una de las alumnas comenzó diciendo: “Mi abuelito me hablaba de la Revolución Mexicana en la que estuvo cuando era joven y nos contaba de las luchas por la tierra, la rebelión contra el dictador Huerta y la Constitución del señor Carranza, que es la que hasta hoy nos rige”.

-Muy bien, muy bien, exclamó el profesor Ramos al momento que aplaudía seguido por los demás estudiantes.

PORTADORES DEL VIRUS. 

Agustín Kahan, uno de los alumnos más adelantado por las clases virtuales, quien se presentó a la preparatoria con las más altas calificaciones. Se paró a quejarse de que era muy peligroso el abrir las escuelas a todos los alumnos de País. Porque así fuesen centros de aprendizaje de gobierno o particulares, todos corrían el riesgo de ser contagiados por cualquiera de alguno de los compañeros, aunque todos los profesores y quienes trabajan en estos centros ya hubiesen recibido sus vacunas. 

-¿O qué maestro, ustedes no han tenido algún roce con la gente de afuera, que al igual que muchos de nosotros hemos estado con amigos, con la familia? Algunos que ya fuimos contagiados o no lo tuvimos, siendo portadores del virus lo podemos traer a la clase y hasta a la escuela entera, concluyó.

Un murmullo se escuchó por todo el salón. Unos le dieron la razón y los más lo abuchearon por intentar boicotear la primera clase. Hasta que el profesor le pidió que explicara cuál sería su propuesta para retomar o seguir con las clases a distancia.

Agustín sintió que todos estaban en contra de sus explicaciones, ya que las autoridades de la Secretaría de educación Pública (SEP) habían dejado en claro que esta no era disposición obligatoria, porque el que no quisiera entrar a las clases presenciales, podían seguir estudiando por línea. 

Sin embargo, expresó que se debía esperar a que en todo México la gente ya estuviera vacunada, añadiendo que se sabía que una tercera ola de dicho virus ya estaba en Europa y en algunos de los países de Latino América y que era de lo más posible que en cualquier momento llegara al nuestro.

 

MEDIDAS HIGIÉNICAS.

Las recomendaciones higiénicas para los alumnos y maestros, dentro y fuera de los centros de enseñanza han sido las mismas que se han hecho desde que comenzó la pandemia:

 Usar el tapabocas dentro y fuera del salón de clases, guardar su sana distancia, lavarse las manos con agua y jabón, limpiarse los zapatos con cloro y secarlos con un trapo frente al hule del cloro, usar gel para entrar al recinto, pararse a que un personaje los rocíe con alcohol, tener los bebederos para los escolares limpios automáticos, con agua purificada y otros tantos para el personal de la escuela, limpiar los baños en las mejores condiciones de limpieza y automatizarlos lo mejor que sea posible (las manijas las papeleras, etcétera).

En México hay 55 mil centros de aprendizaje entre escuelas de gobierno y colegios particulares, además de los institutos de pintura, baile, canto, dibujo, fotografía, idiomas y muchas otras especialidades, las que ahora se están reparando como pueden sin la supervisión de la SEP o de la Secretaría de Salud (SSP).

EL NEGOCIO.

-Las escuelas particulares son las más interesadas en que comiencen las clases presenciales porque se necesitan nivelar de todas los gastos que hicieron gastando mucho dinero durante la pandemia y quieren recuperarse con la venta de libros y materiales escolares que ya estaban empezando a vender, se quejó José Luis Vallina.

-Ese es mi problema, porque ya comenzaron a vendernos uniformes, a cobrarnos “cooperaciones” para quién sabe que mejoras para el colegio, para los eventos de los alumnos, para efectuar las pruebas finales, así como los que reprobamos como yo, a quienes nos quieren dar clases extras para que pasemos el semestre. Todos los que fallamos en alguna clase en cualquier materia incluyendo los exámenes de recuperación y, por supuesto, las nuevas (re)inscripciones y el alza de las colegiaturas. Mi papá ya me quiere cambiar a una de las preparatorias de la universidad o que me vaya a trabajar a su zapatería y no quiero dejar la escuela, así que va a tener que pagar lo que debemos y hacer todo lo que nos dijeron en el colegio, explicó el joven Manolo Robles.

Igual que como en el negocio de los centros de aprendizaje, la pandemia se convirtió en el provechoso negocio del País y del mundo. La venta de medicamentos ha tenido un auge jamás existido; el acaparamiento de las medicinas y de las vacunas por los países ricos sigue siendo el negocio del siglo y ofrecido al mejor postor. Por eso es que sólo a los países ricos les ha llegado la vacuna y a los de pocos recursos nos han llegado, siempre y cuando estén pagados por adelantado y quién sabe el precio político que se tiene que pagar, pero los países realmente pobres apenas han recibido para la clase dominante y para la pequeña burgesía. Las verdaderas ganonas son las compañías farmacéuticas, las que hasta es posible que hayan producido ese virus, mencionó Agustín Kahan ante el murmullo de todos.

 

EL RESULTADO FINAL.

Las clases presenciales comenzaron con el semáforo sanitario en color verde y todos contentos de ver a sus amigos de la escuela, de juegos y estudios; llegaron a clases con todas las recomendaciones de la Secretaría de Salud. Desde la primera semana estudiaron juntos y el compañerismo volvió a tener el ritmo que había quedado truncado durante más de un año. Recuerdo las contadas clases antes del virus, lo poco que aprendimos durante los trabajos virtuales logró que apreciáramos las clases presenciales. Se relajaron las medidas hasta que el lunes en la mañana, llegaron a la clase de historia tres compañeros saludándonos de mano y a las muchachas de beso como se acostumbra. Tomaron sus lugares y antes que comenzara la clase, cada quien contó lo que había hecho durante el fin de semana, igual que el resto de nosotros. Uno de ellos tenía dolores de cabeza, otro la fiebre muy alta y el que lo seguía no dejaba de toser.

 El maestro salió corriendo y yo fui a la tele a ver a Hugo López Gatell quien llegó todo colorado y asustado, mostrando el nuevo mapa del semáforo de México, completamente pintado de rojo de tan relajadas que estaban las escuelas, pero todos nos sentimos contentos de que ya habían comenzado las clases presenciales. 

Por:  Rafael Benabib / rafaelbenabib@hotmail.com

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