-¿Qué te pasa Beto que vienes tan enojado, con eso de la pandemia ya no quieres saludar aunque sea con la mano en el corazón? –dijo Ramón  tratando de calmarlo.

-Fui a la sucursal del banco en Domingo Diez donde tengo mi cuenta, pero ya lo habían cerrado. Creí que estaba clausurado; cuando me acerque leí que ya lo habían cerrado y se habían llevado hasta los cajeros automáticos.

-No hombre, para que vas a ese banco. Comentó Joaquín, desde que empezó la pandemia están cerrando sucursales, corriendo gente sin pagarles ninguna indemnización porque dicen que no son empleados del banco sino de una compañía de subrogación que los contrata como cajeros y funcionarios pero no tienen nada que ver con el banco, ni están en el Seguro Social. Ellos lo saben y lo aceptan porque dicen que hoy en día no se encuentra chamba por ningún lado.  

-Bueno, yo vengo de otro banco del centro donde están haciéndola de cuento con un dinero que me dieron de menos al cambiar un cheque de ventanilla de quince mil pesos. Tuve que hacer cola durante 30 minutos para que me diera un papelito con el número que me tocaba.

Hasta que llegue a la puerta me dejó entrar y cuando estuve en la sala me esperé sentado otro tanto hasta que salió mi número al desocuparse un funcionario. Le empecé a contar lo que me traía tan molesto. Me pidió la credencial para votar, escribió unas palabras y le contesté los datos que me preguntó.

“Aquí tiene este número de teléfono para arreglar este asunto porque yo no tengo acceso a ese tipo de información”. Comencé a explicarle que se habían equivocado en la ventanilla con el cobro de un cheque de quince mil y que me habían dado dos mil pesos de menos, pero me interrumpió al contestar el teléfono diciendo que el gerente lo llamaba. Se levantó y se fue regresando quince minutos más tarde.

“Vengase a las diez de la mañana. El gerente me dijo que él va a poder arreglar este asunto, que le diera esta contraseña y así ya no tendrá que volver a hacer cola”, me dijo tomando su saco y una carpeta con papeles antes de volver a salir.

-¿Qué no hay otro funcionario que me pueda atender?, le pregunté al de la puerta. “Sí señor nada más que para que lo atiendan le tengo que dar otro número” y me mandó a que volviera a hacer cola le quise decir una grosería pero se metió tan rápido que no me dio tiempo de decir nada.

-Después me esperé a que salieran todos los empleados y cuando vi al que me atendió. Le quise reclamar pero él me interrumpió diciendo que le había dejado los dos mil pesos olvidados en la ventanilla y que se los entregó al gerente donde lo tiene con su nombre.

-Vamos a la matriz a reclamar –le dijo Antonio- nada más que hoy ya es jueves santo y tendremos que presentarnos hasta el próximo lunes. 

-Gracias hermano pero la lana ya la tiene el gerente y yo me puedo esperar. A ver si no se enoja mi mujer cuando vea que no traigo el dinero completo. 

Desde hace mucho tiempo los bancos en México no han sido lo que se llamaría “Almas de la Caridad”, pues tomaban los ahorros de los clientes y lo invertían en donde les daba la gana, ese dinero lo metían a la bolsa de valores o lo cambiaban por dólares antes que hubiera una devaluación ya que contaban con información confidencial, para luego ponerlo en su lugar y guardarse esas ganancias. 

Aunque si se ponía una queja ante la Comisión Bancaria y de Seguros, que antes así se llamaba, de inmediato le hablaban al gerente y se aclaraban las cosas. Pero ahora estos nuevos dueños de puros bancos extranjeros, hacen y deshacen y si te pones pesado te mandan a la oficina central la cual está en España, en Canadá o Estados Unidos que es donde mandan todas sus ganancias.

Tenemos otra muestra de lo que pasa con un banco en Cuernavaca (todos son iguales) en el cual a un cliente le retuvieron su tarjeta en uno de los cajeros automáticos y en su siguiente estado de cuenta aparecieron cargos por compras en mercados, centros comerciales, compras en negocios que se hacen por medios electrónicos, además de cargos sobre servicios sociales, como el cobro de la CFE, etcétera, con la tarjeta extraviada, cuyo número el cliente ignora y la contraseña que se puede cambiar en cualquier momento, ya que la siguen usando donde les dé la gana, hasta en el mismo banco donde la retuvieron.

Cuando se fue a reclamar, le pidieron que la cancelara por teléfono a un 1800 de México donde dieron de baja la reposición de la tarjeta que le dieron por la cancelada, pero ésta nunca apareció y siguen sacando dinero de su cuenta, la que no puede cancelar porque ahí llega su pago del Seguro Social (IMSS) y del gobierno a través del Banco de Bienestar, pues tiene 83 años y apenas le alcanza para sobrevivir.

En otro caso, un comerciante, desesperado por tener su negocio cerrado, fue al banco y pidió un préstamo de 30 mil pesos para la nómina y la renta. Ahí se los depositaron en su cuenta después de muchos papeleos que tuvo que llenar. A los 30 días fue a pagar el dinero y se encontró con una deuda de 30 mil pesos más 36% al año de los intereses que cobraron eran 31,333.00, cuando en el Banco de México (Banxico) el interés bancario anual es de un 4%. “Ladrones de Río Frío”. En todos los bancos te cobran por manejo de cuenta, ya ninguno te manda los estados de cuenta a domicilio. Si quieres saber tus movimientos tendrás que pagar hasta 45 pesos por cada copia; si buscas tus últimos movimientos en la cuenta, te cobran 6.50 más IVA por cada papelito impreso. Si pierdes tu tarjeta de débito te cobran 125.00 por la reposición aunque haya sido en uno de sus cajeros.

Los bancos ganan un promedio de 30 mil millones de pesos al año que mandan a España, a Estados Unidos, a Canadá y a sus lugares de origen. Nadie sabe porque no les quitan las concesiones, si ni siquiera reinvierten un poco de los miles de millones que se llevan, ni pagan impuestos de lo que ganan. Nadamás nos explotan sin darnos ningún servicio.

Por: Rafael Benabib / rafaelbenabib@hotmail.com