Hay gobiernos que llegan a inaugurar obras y hay gobiernos que primero tienen que recoger los pedazos. Morelos, hay que decirlo sin rodeos, venía de una etapa complicada: instituciones debilitadas, rezago en infraestructura, desorden administrativo y, sobre todo, una enorme distancia entre el gobierno y la gente. No lo digo yo, es parte del propio diagnóstico con el que inició la actual administración de la gobernadora Margarita González Saravia.
Ordenar un gobierno así no es cosa de magia ni de un día para otro. Es un proceso largo, complejo y, muchas veces, poco vistoso. Porque mientras algunos solo se dedican a cuestionar y poner en duda el trabajo, en realidad lo que se está haciendo es algo más profundo: reconstruir las bases para que el Estado funcione y tenga rumbo.
A veces, desde fuera, parece que no pasa nada, pero cuando uno rasca tantito en el territorio —no en el escritorio— se empieza a notar la transformación. Más de 200 obras ejecutadas con una inversión superior a 730 millones de pesos, rehabilitación de vialidades, mejora en infraestructura educativa y recuperación de espacios públicos no son ocurrencias, son señales de que la maquinaria estatal volvió a moverse.
La lógica ha sido clara: primero ordenar la casa, que es nuestro Estado, para poder transformarlo. No es casualidad que se haya apostado por fortalecer la seguridad con coordinación institucional, más tecnología, nuevos elementos policiales con mejor salario y seguimiento diario en las mesas de seguridad. Cuando se recibe un Estado con instituciones desarticuladas, lo urgente no es improvisar, sino reconstruir la coordinación que durante años se perdió.
Sin duda el sello más visible de este primer año está en el estilo de gobernar. La Gobernadora Margarita González Saravia ha insistido en un modelo de gobierno en territorio, recorriendo comunidades, escuchando de frente y recogiendo peticiones directamente de la ciudadanía. Las Caravanas del Pueblo, por ejemplo, han llevado servicios, trámites y atención a miles de personas, reduciendo esa vieja barrera entre gobierno y comunidad que tanto daño le hizo a Morelos.
Eso explica por qué hoy se habla de intervención en más de 100 comunidades con mayores rezagos a través de programas como Territorios de Paz y Buen Vivir, concentrando presencia institucional y políticas públicas donde antes prácticamente no había Estado.
También hay señales palpables en el campo que pasó de 70 a 700 millones de pesos en inversión, la rehabilitación de más de 170 kilómetros de caminos saca cosecha y apoyos directos a productores sin intermediarios. Son acciones que no siempre hacen ruido mediático, pero sí impacto real en la economía local.
En el fondo, lo que estamos viendo es una etapa de reconstrucción. Un gobierno que recibió un aparato desordenado y que decidió, en lugar de simular, empezar por lo estructural: seguridad, administración pública, infraestructura social y educativa, pero sobretodo cercanía con la gente. Incluso en materia administrativa se redujeron trámites, se depuraron expedientes y se impulsó la digitalización para combatir discrecionalidad y corrupción.
Claro, falta mucho. Un estado modelo no se logra en un año ni con un solo informe. Pero negar que hay trabajo en marcha sería cerrar los ojos ante una realidad que ya se percibe en las comunidades, en las obras constantes y en un gobierno que, guste o no, dejó el escritorio para caminar el territorio.
Al final, gobernar se trata de hacer que las cosas funcionen y en un Estado que venía del abandono, que se le haya puesto atención y cuidado las peticiones del pueblo, eso ya es un acto de transformación.
No está de más decir que esto es a título personal.
6x6: Es temporada de premios para el cine, la música… y claro, también para la lucha libre. Aunque no existe un ‘Óscar’ oficial del pancracio, hay medios especializados como la Wrestling Observer Newsletter —el más prestigiado— que lleva desde 1982 reconociendo a lo mejor del mundo. No hay alfombra roja, ni estatuillas doradas, pero dentro de la industria estos premios son los más importantes.
Por eso lo que ocurrió este año no es cualquier cosa: el Consejo Mundial de Lucha Libre fue nombrado Promotora del Año a nivel mundial. Una empresa mexicana no conseguía ese reconocimiento desde que la AAA lo logró en 1994, en su mejor momento. Además, Salvador Lutteroth III fue elegido Promotor del Año y Máscara Dorada, Mejor Luchador Aéreo.
Y si alguien se disfrazó de Beyoncé, Bad Bunny o alguno de esos que arrasan en las premiaciones, fue el Místico: MVP de México, Mejor Peso No Completo y Luchador del Año, el premio más importante y que el mexicano consigue por segunda vez en su carrera. El primero lo ganó en el 2006 el año en que revolucionó la lucha libre mexicana, el Príncipe de Plata y Oro vuelve a estar en la cima.
¡Saludos!
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