El pasado 10 de abril se realizó, por primera vez en la historia moderna de nuestro País, el ejercicio democrático denominado Revocación de Mandato, tema del que hablé en la anterior entrega de “A título personal” y en el que señalaba que era una gran oportunidad para fortalecer la democracia mediante la participación ciudadana. Ahora bien, el resultado de dicha consulta tiene cifras para todos, para los que ven el vaso medio lleno y para los que ven el vaso medio vacío.
Si bien es cierto que el resultado a favor de la continuidad del presidente Andrés Manuel López Obrador, con el 91% de las preferencias, fue apabullante, también hay que destacar el abstencionismo por parte de la ciudadanía y, aunque el total de votos recibidos fue de poco más de 16 millones, eso refleja únicamente el 17.77% de la participación ciudadana.
Habrá quien considere que fue una participación pobre, sin embargo, atendiendo a que no se le sumó la inercia que da una elección en cuanto propaganda, alianzas partidistas, así como la instalación total de las casillas y un largo etcétera, para ser una herramienta nueva, no se puede considerar que fue un fracaso, tal vez, solo un éxito a medias.
Si bien es cierto que aún falta mucho para incentivar a que la gente sea más proactiva y empática con este tipo de ejercicios democráticos, hay que vislumbrar que se sentó un precedente y las bases para que, en el futuro, cuando nuestros gobernantes pierdan la confianza que les hemos depositado, tengamos la capacidad de decisión para poder dar ese giro de timón, que a veces hace falta, y revocarlos.
Ya para finalizar, dejando de lado la idea romántica de la verdadera esencia de la Revocación de Mandato y hablando en estricto tema de estrategia electoral, el partido en el gobierno, Morena, el pasado domingo ubicó su voto duro, ¿la oposición cuando tendrá otra oportunidad para hacerlo, sino es hasta el 2024?
No está de más decir que esto es a título personal.
Por: Omar Arizmendi Hernández / opinión@diariodemorelos.com
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