Ver a miles de jóvenes organizándose, marchando y alzando la voz siempre será una buena noticia para México. La Generación Z, con toda su mezcla de ímpetu y claridad, está demostrando que no necesita permiso de nadie para tomar las calles y hablar de corrupción, inseguridad, impunidad y futuro. Eso, por sí solo, ya vale la pena celebrarlo. México necesita más jóvenes involucrados, no menos. Pero en este tipo de movilizaciones aparece un fenómeno bien conocido: los ‘adultos oportunos’, esa camada de personajes que ven una marcha juvenil como si fuera un taxi colectivo al que pueden subirse sin que nadie los invite. Llegan tarde, no entienden la causa y, aún así, buscan convertirse en protagonistas. Son viejos conocidos: los partidos que llevan años desconectados de la realidad y que, como el PRI y el PAN, no encuentran cómo volver a conectar con una sociedad que claramente siguió su camino sin ellos. Como quien intenta colarse a un festival aunque no conozcan a ninguna banda, buscan cualquier movimiento con vida para subirse a él, aunque no entiendan su espíritu. A eso se suman ciertos empresarios que, de pronto, se descubren muy interesados en ‘defender a los jóvenes’, pero cuya motivación verdadera suele estar más relacionada con sus propios pleitos. Ahí está el caso de Ricardo Salinas Pliego, cuyo enfrentamiento con la 4T por el tema de los impuestos es ya de dominio público. No es extraño que el gobierno señale su presencia en la conversación digital alrededor de la marcha. En política, los abrazos a veces vienen con intereses ocultos y conviene no perderlo de vista. El riesgo es claro: que una marcha genuina, nacida del hartazgo auténtico de miles de jóvenes, termine desvirtuada por quienes quieren usarla como plataforma para revivir viejas disputas o para empujar agendas que nada tienen que ver con la juventud. Y aquí vale la pena decirlo con cuidado, pero con firmeza: hay grupos que ven en esta generación una oportunidad para empujarla hacia un proyecto conservador, más cercano a las derechas que ya conocemos, usando su inconformidad como vehículo. Es válido que los jóvenes exploren ideas y posiciones, claro, pero también es importante que no se dejen seducir por quienes solo los buscan cuando les conviene. Lo último que necesita México es que una generación que sí quiere cambiar las cosas sea usada como escalera por políticos que ya fueron o por empresarios que solo se acuerdan del pueblo cuando tienen un problema que arreglar. La energía juvenil importa demasiado para permitir que se contamine con intereses ajenos. Por eso, ojalá la marcha del 15 de noviembre conserve su espíritu original: jóvenes hablando de sus problemas, exigiendo cambios y recordándonos que el futuro les pertenece a ellos. Si la vieja clase política quiere apoyar, que lo haga desde la orilla, sin robar cámara y sin manipular. A ver si así, por una vez, entienden que el protagonismo no les toca. No está de más decir que esto es a título personal. Fuera de contexto: Y mientras acá seguimos discutiendo de marchas y política, la Selección Mexicana Sub-17 se aventó la campanada del Mundial de Qatar: dejó fuera a Argentina, justo cuando venían arrastrando la cobija después de una fase de grupos para el olvido. El portero pasó de villano a protagonista, porque después de regalar el empate, se redimió atajando un penal y metiendo el definitivo en la tanda. Con ese dramatismo tan nuestro, México avanzó a octavos de final – donde enfrentará a Portugal- demostrando que a veces los milagros futboleros sí existen. 6x6: La semana pasada falleció el maestro Elfego Silva, piedra angular de la lucha libre morelense. Tuvo un paso destacado recorriendo lona bajo la máscara de Círculo Rojo, llegando incluso a ser campeón estatal. Pero su mayor legado estuvo en la formación de luchadores. Durante cuarenta años estuvo al frente de la escuela de la extinta Arena Isabel acercando a jóvenes y adultos al llamado deporte del costalazo. Podría decirse que prácticamente todos los estetas relevantes de nuestro estado pasaron por sus enseñanzas, incluidos, por supuesto, el Chamaco Valaguez y Pierroth Jr. Su relevancia quizá no se mide en trofeos personales ni en récords televisados, sino en la continuación de un oficio que depende de maestros meticulosos y constantes. Elfego Silva fue uno de ellos: enseñó técnica y disciplina a generaciones enteras, incluso a jóvenes que nunca aspiraron a la fama pero que encontraron en la lucha libre una estructura para su vida cotidiana. Hoy su nombre ya resuena en la Arena Celestial. ¡Saludos!

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