Cuernavaca, Morelos.- En Morelos, como en el país, no hay celebración de Día de Muertos sin pan, pero este año llevar el tradicional pan de muerto, con su toque de sabor naranja, a los altares y las ofrendas costará un poco más que el anterior.

El 2017, fue un año de verdadero “terror” para la industria panificadora, pues enfrenta una de las escaladas de precios de producción más fuertes de los últimos años.

La mantequilla de vaca subió 70 por ciento; el azúcar, 60 por ciento; el huevo, 20 por ciento, y hasta insumos como la sal, que rara vez varía su precio, este año se disparó 45 por ciento; la materia prima que menos aumento registró en su costo fue de 10 por ciento.

Con estos costos, 2017 casi “sepulta” a la industria panificadora, la cual ha tenido que hacer importante reingeniería y echar mano de la creatividad y diversificación de producto para mantenerse a flote.

Un ajuste mínimo, de apenas 10 por ciento, en el costo final del producto para evitar trasladar al cliente el impacto del aumento de la producción es una de las medidas a las que el gremio recurrió.

El vicepresidente de la Cámara Nacional de la Industria Panificadora (Canaimpa) en Morelos, Daniel Aguilar Gerardo, señaló que durante los últimos 15 años las panaderías formales han mantenido la elaboración del tradicional pan de muerto, pero paulatinamente han reducido su porcentaje de producción.

Esto se ve reflejado en la distribución que tiene el producto en los anaqueles, en los que el pan de muerto, con su tradicional adorno de “huesitos” cruzados encima, espolvoreados con azúcar o ajonjolí, comparten el espacio con el pan dulce de todos los días.

El aumento de los costos de producción es uno de los motivos, pero con una experiencia en el mercado del pan de más de 30 años, el empresario considera que la tradición de las ofrendas está perdiendo terreno y este también es un factor que ha inferido en el porcentaje de su producción.

La venta del pan de temporada ha caído hasta 70 por ciento en los 15 años de referencia, pero los panaderos no se han quedado de brazos cruzados y lo que hoy no se lleva a los altares y ofrendas, lo han llevado a las mesas de los hogares.

Daniel Aguilar dijo que desde hace unos años una estrategia para su comercialización es elaborarlo mes y medio antes del Día de los Muertos con la finalidad de que el consumidor lo adquiera como un producto especial.

La medida ha funcionado muy bien y es una estrategia mediante la cual los panaderos formales de Morelos también se blindan contra la producción informal que inunda el mercado de pan “casero” en la víspera de la celebración de los Fieles Difuntos.

Por: ANTONIETA SÁNCHEZ
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