De un gran corazón en defensa de los niños, enamorada de su familia y de la vida entera, la Licenciada en Derecho Micaela Flores Estrada nació en Cuernavaca el 30 de diciembre de 1967. Llegó a vivir a Chamilpa a los tres años de edad. Su finado papá Rubén Flores Chávez era pintor pero en especial escultor y su mamá, Alicia Estrada Domínguez es ama de casa.

Micaela estudió en Chamilpa hasta la secundaria y los estudios medio superior y superior, los cursó en la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM), en la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas.

Durante ese tiempo trabajó en el DIF estatal para pagarse su universidad. Al terminar sus estudios profesionales y se recibió de Licenciada en Derecho, comenzó a trabajar en la Procuraduría General de Justicia del Estado como asesor jurídico. Ahí laboró veinte años.

Estando en la Procuraduría la cambiaban a varios lugares del estado, como Jojutla, Yautepec, Cuernavaca. A lo largo de su carrera ha tenido varios puestos y experiencias referidos a su trabajo. 

Uno de ellos es cuando trabajaba en el DIF. Su jefe era la licenciada Evelia Flores Hernández. Nos encargábamos de recoger niños de la calle, quien era creaturas abandonadas y descuidadas por sus tutores o sus padres y los llevábamos a los albergues del DIF para su protección. 

Era un trabajo triste pero creativo. El hablar con esos niños veíamos el miedo de relacionarse con gente extraña que además los quería ayudar, les daba un dejo de desconfianza, pues nadie los había tratado bien.

 De hecho su tesis se llamó “Los menores de edad dentro del Centro Estatal de Readaptación Social”, cuando Micaela atendía los problemas de los hijos de las internas. Ella siempre se ha inclinado por la defensa de los derechos de los menores.

 Un recuerdo que le llena de satisfacción es el de aquella ocasión en que defendió los derechos de una madre, la cual estaba convaleciente en el hospital al haber dado a luz a su primer hijo y se encontraba en Terapia Intensiva. La mujer se había enterado que su marido se había llevado al recién nacido del hospital. 

Se contactó con la licenciada Micaela Flores, para que viniera a ayudarla a recuperar a su hija de sólo tres días de nacida, dándose a la tarea de recuperarla por medio de un Juicio de Guardia y Custodia y de inmediato la pudo recuperar con la eficaz actuación del Juez de lo Familiar Martín Montes García, quien dentro de toda legalidad, ordenó la entrega de la menor a manos de su madre. Micaela tiene la gran satisfacción de que legalmente tuvo la oportunidad de ayudar a la mujer a recuperar a su niña. A Micaela le gusta servirles a los demás sin mayor interés personal.

Tiene seis hermanos y ella es la séptima. Por falta de oportunidades para sus hermanos, ella fue la única que pudo terminar sus estudios. Se casó el trece de septiembre de 1997 con el arquitecto Juan Oscar Salazar a quien conoció desde que estaban en la primaria y de quien sigue muy enamorada: Tienen tres hijos: Oscar, Senya e Ivan.

Sus padres siempre la apoyaron y se recuerda que en su casa existía mucha armonía y amor y para ella, Chamilpa era el pueblo más hermoso de Morelos, lleno de bonitas tradiciones. El Día de Muertos se venera a San Lorenzo Chamilpa y se presenta la tradicional fiesta del pueblo el diez de agosto, con la banda de música y El Brinco con los Chínelos.

Tiene gran amistad con Aurora Piedra, Patricia Osorio y Rosalía Rodríguez, con quienes se ve frecuentemente. Micaela hacia deportes de Caminata y Carrera, también pesas en un gimnasio.

Su especialidad en el trabajo es llevar juicios familiares como Herencias, Divorcios, Guarda y Custodia, perdida de la Patria Potestad, Pensiones Alimenticias, Dependencias económicas, entre otros.

Tenía su despacho en la calle Lerdo de Tejada No.2 con el licenciado Vaca y el licenciado Ismael Disciplina, quienes se cambiaron a la Ciudad de México y el despacho se convirtió en un local demasiado grande y costoso para ella, por lo que lo cerró y ahora litiga en los juzgados y tiene su oficina en su propia casa en Chamilpa. Uno de los licenciados ya volvió a Cuernavaca y la invitó a reabrir el despacho, pero ella ya estaba establecida.

 Recuerda el caso de una paternidad en que solicitó el reconocimiento para un menor de edad, donde su padre no deseaba registrarlo a su nombre a pesar de ser su propio hijo. Micaela pidió ayuda al Juez de la Familiar para que a través de la prueba de ADN se acreditara su parentesco, lo cual se logró y el menor ya se encuentra registrado con sus propios apellidos.

En 1992 le sucedió que cuando trabajaba en el DIF existió un reporte de maltrato infantil, el que atendió de inmediato y con una trabajadora social se trasladaron al domicilio donde se encontraba el menos, ocurriendo eso en la Ciudad de Cuautla. Al llegar, observaron una hamaca de yute tejido en la esquina del cuartito, donde el bebé de seis meses se encontraba arrinconado y completamente desnudo. Micaela lo cargó viendo las marcas que le habían dejado la hamaca y varios moretones en su espalda. 

Esperó a la que decía ser su madre, quien al llegar de la calle, Micaela le reclamó por qué razón lo tenía en esas condiciones y ella contestó que se lo habían regalado en Oaxaca. Micaela llamó al Agente del Ministerio Público y a su jefe inmediato para que lo pusieran a disposición del DIF y al no tener respuesta por parte del Ministerio Público, le pidió a su jefe la autorización para llevar al menor al albergue infantil del DIF. La respuesta fue negativa y que lo dejara ahí porque era una gran responsabilidad y podría peligrar la salud del infante. En ese momento Micaela se sintió impotente, regresando a la choza al día siguiente y tanto la señora como el bebé ya no se encontraban ahí.

Jamás supo cuál fue su destino. Se queja porque aún le duele el haberlo tenido en sus brazos y sentir la impotencia de no poder hacer nada. Si ese bebé se salvó, Micaela dice que ahora debe tener 25 años de edad. “Ese fue el caso más doloroso que he tenido en mi vida”, termina.

Le gusta el baile y junto a su marido van a fiestas y se acoplan a la perfección.

Es conocedora de los Códigos y Artículos legales necesarios para la protección de los infantes, a través de la continua lectura de los mismos. Ahora sigue la misma especialidad, pero siempre a favor de los menores.

Una noche, trabajaba en un caso familiar y sin darse cuenta del tiempo, terminó a las dos de la mañana, ganando el caso de la custodia de una menor a favor de sus abuelos maternos contra los padres de la menor. Fue una sentencia muy bien fundamentada y satisfactoria para Micaela.

De agradable plática, Micaela Flores nos enseña cómo ser un entregado ser humano a la sociedad.

Semblanzas de Morelos
Rafael Benabib
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