El encuentro de comparsas realizado este domingo en el Zócalo de Jiutepec dejó más que música y baile: dejó calles cubiertas de basura y una imagen urbana deteriorada que el propio Ayuntamiento terminó por reconocer.
El evento, impulsado por el gobierno municipal como antesala del carnaval, evidenció una deficiente planeación en materia de limpieza, orden y prevención. Aunque la administración encabezada por el alcalde Eder Rodríguez Casillas difundió un llamado para “mantener un carnaval limpio”, la realidad fue otra.
Vasos, envases y desechos se acumularon en el primer cuadro del municipio, lo que reflejó no solo la falta de cultura cívica de algunos asistentes, sino también la ausencia de una estrategia eficaz por parte de la autoridad para contener el impacto de un evento masivo que ella misma promovió. El mensaje institucional, publicado después del festejo, resultó tardío frente a un desorden que ya estaba consumado. La carga de la limpieza recayó, una vez más, en el personal de Servicios Públicos, que tuvo que enfrentar las con secuencias de una celebración sin controles suficientes ni acciones preventivas visibles. La polémica se profundiza al considerar el contexto en el que se llevó a cabo el evento.
Jiutepec atraviesa una semana marcada por la violencia: un policía vial fue asesinado a escasos metros del Palacio Municipal un día antes del encuentro de comparsas, y días previos agentes de la Agencia de Investigación Criminal fueron emboscados y atacados a tiros, con un saldo mortal.
En este escenario, la apuesta por un festejo multitudinario deja un sabor amargo. La fiesta benefició a algunos, pero la suciedad, el desorden y la percepción de improvisación fueron compartidos por todos, lo que reavivó cuestionamientos sobre las prioridades del gobierno municipal en un momento crítico para la seguridad y la imagen del municipio.
