Todos, absolutamente todos los involucrados en el futbol, llámense: aficionados, periodistas, comentaristas, analistas, futbolistas, directivos, cuerpo técnico, etc.
, tienen su docta opinión en cuanto al VAR se refiere, lo que me parece perfectamente entendible y válido.

La pregunta sería, cuántos de los que establecen juicios sumarios, a favor o en contra, sobre el uso de la tecnología en nuestro querido deporte cuentan con la suficiente información para hacerlo; es decir ¿Cuántos habrán leído y comprendido cabalmente el protocolo del VAR?
Nunca faltan aquellos que pretenden que la repetición televisiva en el balompié se aplique de la misma manera en cómo se usa en otras disciplinas, olvidando que el VAR tiene sus propias reglas y peculiaridades.

Su aplicación se encuentra restringida a situaciones PEGII (Penales, expulsiones, goles, identificación errónea e incidente grave no observado por el árbitro): sin embargo, existe otro requerimiento: que se trate de un error claro, obvio y manifiesto del silbante (ECO).

A la ecuación: PEGII + ECO = VAR se le conoce en el léxico arbitral como una “jugada negra” y son las únicas que, en teoría deberían de ser revisadas por el árbitro.

A las jugadas polémicas, en las que no queda claro si son sancionables o no, se les conoce como “jugadas grises” y hasta dónde yo alcanzo a entender, no son revisables por el VAR; es decir, la repetición no está diseñada para convertirse en un detector de faltas, ni tampoco para dirimir situaciones dudosas.

Es entonces cuando se presentan las controversias, porque resulta muy difícil unificar los criterios respecto a: cuál es una jugada negra y cuál una jugada gris.

Sin duda se trata de una herramienta creada originalmente para hacer más justas las decisiones arbitrales; pero que le ha restado la espontaneidad al futbol, con el hecho de reprimir la emoción al momento de la suerte suprema, del orgasmo balompédico que significa un gol, para frustrarlo definitivamente o poder festejarlo dos o tres minutos después diluyendo el éxtasis y profanando “el juego del hombre”.

Mil y un historias nos pueden contar respecto a las bondades de la modernidad, lo único que yo sé es que, el balompié se convirtió en el deporte más popular del mundo con una reglamentación simple, legislada hace más de cien años, con mínimos cambios en su aplicación e interpretación, gracias a las cuales, con todas sus: injusticias, genialidades, polémicas, discusiones, intrigas, sospechas, acusaciones, inconformidades y todo lo que ustedes gusten, llegó a convertirse, sin VAR, en…  el invento más sagrado generado por el ser humano.

Por: Eduardo Brizio / ebrizio@hotmail.com