Se disputó la final de ida del Clausura 2019 del balompié mexicano en el Volcán de la Sultana del Norte, entre los Tigres y el León, con un resultado esperado; es decir, mínima ventaja para los dirigidos por Ricardo el “Tuca” Ferreti.
El encargado de dirigir las acciones con la ocarina fue Marco Antoni Ortiz Nava, a quien apodan el gato, y en mi opinión realizó una labor bastante solvente, sobre todo si tomamos en cuenta que se trató de la primera vez que le otorgan la confianza de dirigir una final.
Hizo un desgaste físico impresionante, lo que le permitió estar siempre muy cerca de las jugadas. Trabajó en equipo con sus Asistentes de Línea, utilizó con propiedad los cartones preventivos y no tuvo necesidad de mostrar “la cacaguata” (la tarjeta roja).
La jugada polémica del partido se presentó a los 30 minutos, cuando Luis Quiñones pisó con firmeza el área enemiga, dribló a Ramiro González, defensor de los panzas verdes, al tiempo que iba por la pelota y recibía una patada en la espinilla.
El colegiado estaba muy bien colocado y en virtud de que el delantero tigre todavía alcanzó a dar un paso apoyando plenamente la pierna, creyó que no había existido infracción y ordenó que continuara el partido mientras Quiñones yacía en el césped, pidiendo con tibieza que se señalara la pena máxima.
Se trató de una acción de alto grado de dificultad; toda vez que, el contacto solamente se aprecia en la repetición televisiva en cámara lenta. Lo que muchos aficionados se preguntan es: si existió el puntapié ¿Por qué no intervino el VAR?
La razón es muy simple: el VAR no es un detector de faltas y solamente está obligado a solicitarle al árbitro que revise el monitor cuando se trata de un error claro y obvio.
Entre los elementos que se deben tomar en cuenta para decidirlo está la aceptación del afectado y de su equipo. Si recordamos la jugada notaremos que prácticamente no hubo reclamos, porque en un principio, no era tan clara.
De cualquier forma, ahí queda la jugada abierta para la polémica. En mi opinión no se trató de un error claro y obvio del árbitro. Una vez terminado el encuentro y en vísperas del partido póstumo, muy pocos, exceptuando a los eternos sembradores de veneno, cuestionan el trabajo de Ortiz y absolutamente nadie lo culpa del resultado.
Ahora toca el turno de Arturito Ramos Palazuelos, encargado de dirigir las acciones en el Nou Camp… que haya suerte matador.


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