Si se previenen los factores de riesgo que afectan al síndrome de la fragilidad, la persona envejecerá con menos daños y, por consiguiente, con una mejor calidad de vida.
Especialistas establecen la siguiente clasificación de patologías que influyen negativamente en el síndrome de fragilidad:
Los trastornos músculo-esqueléticos y locomotores, como los dolores musculares, la artrosis, la artritis, el codo de tenis, etc.
Las afecciones cardiovasculares, donde el primer factor que produce deterioro es la aterosclerosis (evolución progresiva de los depósitos de grasa en las arterias) y lo que ello conlleva: sobrecarga del sistema cardiaco, isquemia coronaria, angina de pecho, infarto, insuficiencia cardíaca. También los accidentes cerebrovasculares, como embolia cerebral.
Las enfermedades respiratorias, EPOC, asma, bronquiolitis, etc.
Las enfermedades metabólicas, especialmente la diabetes y la hipercolesterolemia.
La malnutrición en personas mayores, que produce sobrepeso y obesidad. El sedentarismo y la falta de ejercicio físico.  El deterioro cognitivo, que se da en personas con alzhéimer o demencia senil.
El deterioro anímico, o depresión.

EFE/Agencias

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