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¿VIGILANCIA?

El asalto ocu­rrido hoy en Cuer­na­vaca vuelve a poner el dedo en la llaga sobre una rea­li­dad que las cifras ofi­cia­les no alcan­zan a maqui­llar: el “mar­caje” en los ban­cos sigue siendo una sen­ten­cia de robo para quie­nes reti­ran efec­tivo.

Pese a los ope­ra­ti­vos de vigi­lan­cia, los delin­cuen­tes pare­cen lle­var la delan­tera, ope­rando con una impu­ni­dad que solo se explica con la falta de con­tro­les inter­nos en sucur­sa­les o una vigi­lan­cia externa que se ha vuelto pre­de­ci­ble.

La auto­ri­dad está obli­gada a dar algo más que reco­men­da­cio­nes de “acom­pa­ña­miento”; se nece­sita inte­li­gen­cia que desar­ti­cule a las ban­das que han hecho de las afue­ras de los ban­cos de Cuer­na­vaca su coto de caza per­so­nal.

Los medios de comu­ni­ca­ción han repor­tado inci­den­tes recu­rren­tes en los corre­do­res ban­ca­rios de Ave­nida More­los (Cen­tro), Ave­nida Plan de Ayala y la zona de Río Mayo.

CONFIRMAN DESGOBIERNO.

La dis­puta entre regi­do­ras por el manejo de una pre­sunta dona­ción tras­ciende el hecho en sí y des­nuda un pro­blema mayor: la fra­gi­li­dad polí­tica y admi­nis­tra­tiva del Ayun­ta­miento de Cuautla.

Más allá de quién tenga razón, el epi­so­dio exhibe un Cabildo divi­dido, sin meca­nis­mos inter­nos cla­ros para resol­ver dife­ren­cias ni capa­ci­dad para pro­ce­sar con­flic­tos sin lle­var­los al terreno del escán­dalo público.

En un muni­ci­pio mar­cado por la inse­gu­ri­dad, que incluso obliga a fun­cio­na­rios a con­tar con res­guardo fede­ral, estas con­fron­ta­cio­nes no solo ero­sio­nan la cre­di­bi­li­dad ins­ti­tu­cio­nal, sino que refuer­zan la ausen­cia de lide­razgo y gober­na­bi­li­dad en la admi­nis­tra­ción enca­be­zada por Jesús Corona Damián.

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Ezapata
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