OPACOS. Cuando el Cabildo de Cuer­na­vaca, pre­si­dido por el alcalde José Luis Urós­te­gui Sal­gado, decide modi­fi­car la Ley Orgá­nica Muni­ci­pal para per­mi­tir la cesión, dona­ción o per­muta de bie­nes públi­cos sin inter­ven­ción del Con­greso, no esta­mos ante un sim­ple ajuste admi­nis­tra­tivo: esta­mos frente a una puerta abierta a la dis­cre­cio­na­li­dad.

El patri­mo­nio muni­ci­pal no es pro­pie­dad pri­vada de los regi­do­res; per­te­nece a la ciu­da­da­nía y debe admi­nis­trarse con trans­pa­ren­cia y con­tro­les cla­ros.

La falta de acceso a expe­dien­tes y dic­tá­me­nes, denun­ciada por orga­ni­za­cio­nes veci­na­les y la dipu­tada Meg­gie Sal­gado, con­firma que la opa­ci­dad se está nor­ma­li­zando. Con­cep­tos como “bene­fi­cio colec­tivo” o “inte­rés público” no pue­den que­dar a inter­pre­ta­ción de unos cuan­tos; requie­ren reglas y vigi­lan­cia para evi­tar abu­sos.

Cuer­na­vaca no puede per­mi­tir que su patri­mo­nio se nego­cie en lo oscuro. La reforma muni­ci­pal debe revi­sarse y some­terse a con­tro­les legis­la­ti­vos y socia­les. De lo con­tra­rio, esta­re­mos legi­ti­mando un modelo donde el inte­rés público se diluye entre acuer­dos polí­ti­cos y pro­yec­tos pri­va­dos.

VAPEADORES. En el Con­greso de la Unión, antes de irse de vaca­cio­nes, los legis­la­do­res podrían apro­bar la ini­cia­tiva que prohibe los ciga­rri­llos elec­tró­ni­cos y vapea­do­res.

Así como otros sis­te­mas o dis­po­si­ti­vos aná­lo­gos y se apli­cará hasta 8 años de cár­cel para ven­de­do­res, comer­cia­li­za­do­res y pro­duc­to­res. ¿Será que fun­cione?.

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