La señora Dulce, vecina de la colonia Antonio Barona, relató que un cuarto de su casa se incendió luego de que sus hijos encendieran pirotecnia en el patio. Un “chiflador” entró por la ventana y quemó ropa, muebles y todo a su paso en cuestión de segundos.
“A nosotros ya no, ya no nos vuelve a pasar. Hasta nos molestamos con los vecinos que echan cuetes, pero es gente nueva que viene a rentar, porque los que ya tenemos mucho tiempo viviendo en la zona sabemos lo que pasó”, comentó.
Protección Civil estatal reportó al menos 16 incendios en Morelos, muchos de ellos provocados por el uso de pirotecnia. Aunque es vistosa y forma parte arraigada de la cultura mexicana, representa un riesgo para la salud, el medio ambiente y el patrimonio de las familias.
En otras entidades del país, como Ciudad de México, Estado de México, Veracruz, Puebla y Jalisco, los gobiernos estatales y municipales establecen multas elevadas para quienes utilicen pirotecnia en espacios públicos.
El uso de fuegos artificiales puede provocar lesiones físicas, como quemaduras, heridas, daño ocular, afectaciones auditivas y problemas respiratorios por inhalación de humo; en casos graves, incluso amputaciones. Los niños y los adultos que manipulan pirotecnia son los más expuestos.
Además, causa estrés y pánico en personas con hipersensibilidad auditiva —como quienes viven con autismo—, personas mayores y animales, cuya audición es más sensible.
