CUENTA la leyenda reciente que un partido político padeció severos dolores antes de dar a luz a su virtual candidato a la gubernatura de Morelos, así como a otros “gallones” para diferentes posiciones más.

Tal vez lo sucedido esa noche y en las primeras horas del siguiente día sea una de las razones por las no hay la unidad que se pondera y que podría costarle muy cara al partido mismo la elección del 1 de julio.

Fue como un “déja vu”, porque seis años antes pareció haber pasado lo mismo: se logró sacar un “candidato de unidad”, pero solo en el papel, porque en los hechos el elegido fue blanco de fuego enemigo y amigo.

LA noche en que la dirigencia nacional del partido arriba citado decidió a su precandidato-candidato a la gubernatura de Morelos la actividad se dio en dos salones contiguos, no en Morelos sino en Ciudad de México.

Hubo dos sesiones cumbre pero con entrevistas en individual uno a uno de los deseosos de servir a Morelos desde la gubernatura, en cuya primera cada uno tenía que explicar por qué le gustaría ser gobernador.

Cada uno expuso sus ideales y hasta proyectos, pero algunos también aprovecharon la oportunidad para soltar fuego a sus adversarios; lo que puso a todos en mala posición y así no se pudo resolver el entuerto.

EN una segunda ronda de entrevistas, la pregunta que le formuló la dirigencia nacional a los “suspirantes” fue algo así como ¿Si tú no fueras el elegido, quién sería el menos indicado? y ¿Quién sería la mejor opción?

Ese ejercicio mandó a la lona a uno de los aspirantes que se sentía con todas las de ganar, incluso lo había presumido y reprobado a otros. En esas entrevistas se resolvió que el bueno sería el menos confrontativo.

PARA mal de ese partido en su decisión, más de dos-tres no acabaron por quedar conformes y es la hora que persiste la línea de que cada quien se rasque con sus uñas y sálvese quien pueda. Mal principio…

Por E. Zapata / [email protected] / Twitter: @ezapata1

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