EN LA lona, con la mirada perdida hacia las lámparas y desorientados tras la golpiza del 1 de julio en la función estelar electoral, más de dos-tres partidos políticos apenas balbucean que quieren seguir en la pelea.

Luego, puestos de pie tambaleante les pasaron la cuenta de protección y no hubo oportunidad de un nuevo “round”, sus calzoncillos con las siglas PRI, PAN, PRD, PVEM, Panal y otros quedaron manchados de rojo.

Tratando de restañar heridas, hoy, su pelea no es contra la salvaje Morena que los noqueó, sino en busca de no morir frente a cientos de miles de fanáticos que otrora los pusieron en la cima, para ahora tirarlos.

EN el seno del PAN no solo no hay indicios de que la dirigencia quiera asumir responsabilidades, como tampoco de querer moverse, siquiera para caer en el lugar común de anunciar una profunda “refundación”.

Por el lado del PRI, los moretones todavía duelen tanto que nadie ha salido a reconocer culpas, menos aún para levantar la mano y echarse a cuestas el compromiso de barrer y levantar los escombros tricolores.

El PRD, también con hematomas en cara y cuerpo, atina a lanzar una proyección desangelada, sin algún líder aglutinador a la vista y con la probabilidad de cambiar no solo la forma de andar sino hasta de nombre.

EN estos días aciagos para los partidos políticos tlahuicas de siempre, el enemigo a vencer no es Morena, sino el peligro de extinción sea por falta de clientela o, peor aún, por la disputa del financiamiento público.

Alias ¿de qué van a vivir las hordas que tradicionalmente dependían de algún carguito partidista o algún acomodo en espacio de gobierno, estatal, municipal o “autónomo”? El futuro a mediano plazo es incierto.

Otro derrotado que tiene futuro incierto es el “independiente”, que no logró calar con fuerza entre el electorado, porque fue suplantado por ex partidistas o sencillamente porque no tiene real reconocimiento social.

TAL vez, el mejor aliado de los partidos de siempre e independientes será más bien el desatino que pudiera cometer el partido en el próximo gobierno y el desencanto de quienes hoy viven con él una luna de miel.

Por E. Zapata / [email protected] / Twitter: @ezapata1

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