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SIN REMEDIO.

Ante el pro­yecto plan­teado por el sec­tor hote­lero de res­ca­tar el pri­mer cua­dro de Cuer­na­vaca, para que se mues­tre su voca­ción turís­tica y cul­tu­ral, al Ayun­ta­miento no le quedó más reme­dio que reco­no­cer el pro­blema del ambu­lan­taje.

El secre­ta­rio de Desa­rro­llo Eco­nó­mico muni­ci­pal admi­tió que la capi­tal de More­los declaró que el ambu­lan­taje se encuen­tra fuera de con­trol” y cali­ficó a Cuer­na­vaca como una de las peo­res ciu­da­des capi­ta­les en ese rubro.

El fun­cio­na­rio si bien señaló que el pro­blema es here­dado, le fal­rató reco­no­cer que es en su admi­nis­tra­ción muni­ci­pal y en la ante­rior que el comer­cio ambu­lante e infor­mal cre­ció, e incluso se exten­dió a otras par­tes de la ciu­dad.

En fin, la res­puesta es la misma desde el ini­cio de los trie­nios, diá­logo con los comer­cian­tes, con los diri­gen­tes, etcé­tera; no hay aún una estra­te­gia.

AL FIN...

El naci­miento de la pri­mera norma ambien­tal en More­los para fre­nar el mache­tazo impune a los árbo­les urba­nos es una buena noti­cia. Lo valioso del anun­cio de la Secre­ta­ría de Desa­rro­llo Sus­ten­ta­ble es el can­dado de los 60 días de con­sulta pública.

La pelota está ahora en la can­cha de los espe­cia­lis­tas, ambien­ta­lis­tas y ciu­da­da­nos para blin­dar este docu­mento antes de que lle­gue al Perió­dico Ofi­cial Tie­rra y Liber­tad.

Menos dis­cur­sos ver­des y más regu­la­ción obli­ga­to­ria es lo que el estado grita desde hace déca­das.

La ins­ta­la­ción del Comité de Nor­ma­li­za­ción Ambien­tal por la gober­na­dora y la ley para regu­lar la poda y tala urbana es meter en cin­tura a los muni­ci­pios que han visto los árbo­les públi­cos como estorbo y no como pul­mo­nes.

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Ezapata
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