Allá por los años 40 del siglo pasado, existía un programa docente en el entonces Distrito Federal, vinculado a la Universidad Nacional Autónoma de México, llamado “Iniciación universitaria”.
Los alumnos que ingresaban en él, lo hacían desde la educación secundaria, pasando por una preparatoria de dos años, con pase automático a la Facultad de su elección, dentro de la Máxima Casa de Estudios.
El local estaba ubicado en el centro de la ciudad, a un lado de la Escuela de Jurisprudencia.
Mi padre, Don Arturo Brizio Ponce de León acudió a esas aulas y, entre otras personas, trabó una amistad que trascendió las materias, incluso de la carrera para titularse como Abogado, con un personaje singular.
Federico Bracamontes Gálvez, se distinguió como pentatleta en el deporte universitario.
Mi progenitor fue corredor de 110 metros con vallas y ambos representaron con honor los colores azul y oro.
Con los años, Don Federico fundó el Diario de México, dedicándose además, junto a su esposa Ana Elena Baz, a labores altruistas de alto calado.
Entre sus muchas aportaciones, destaca la creación del “Día del Abogado”.
El Licenciado Bracamontes tenía una muy buena relación con el presidente de la República, Don Adolfo López Mateos y en el año 1960, le propuso la celebración para los integrantes de esta maravillosa profesión.
Como amigo y colega, no podía haber sido de otra forma.
La fecha elegida fue el 12 de julio, históricamente señalada como el inicio de la enseñanza del Derecho, en la Real y Pontificia
Universidad de México, en el año de 1553.
Tuve el privilegio de conocer al creador de la data para aquellos seres dedicados a la judicatura.
A las cenas anuales de su Generación, acompañaba a mi Jefe y saludaba a muchos de sus compañeros.
Federico era un hombrón de más de 1.80 de estatura, con unas manazas que podían envolver una sandía y con una amabilidad y calidez, simplemente, extraordinarias.
El destino nos trajo, gracias a Dios, a hacer vida a Cuernavaca a mi esposa Isela y a mi prole, Arturo, Gabriela y Andrea, trascendiendo la amistad con sus hijos Federico y Miguel Ángel, par de tipazos.
Estudié la carrera de Licenciado en Derecho, igual que esos amigos de antaño, en la UNAM.
Ilusionado con cambiar al mundo, logré modificar mi visión y entender que la lucha por la igualdad, la defensa de los que menos tienen, la equidad y la justicia, son tareas de todos los días para aquel, que quiere convertir una simple profesión, en un estilo de vida.
Me inscribí en mi querida Facultad al mismo tiempo que en el curso para ser árbitro profesional de futbol.
Me desempeñé como litigante por espacio de 25 años en el Derecho Laboral.
Mi hija Andrea es una brillante consultora en esa materia.
El 12 de julio celebré, junto a la comunidad de letrados, esta herencia, como un legado del fundador de estas planas en Diario de Morelos.
Siempre digo, entre broma y serio, que dos Abogados, bajo el mismo techo, constituyen… delincuencia organizada.
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