Rosa María Acevedo Velázquez compartió con Diario de Morelos el testimonio de cómo sobrevivió al cáncer de mama, un proceso que enfrentó a los 42 años, cuando era madre de un niño de apenas 7 años.
“Siempre me revisaba, conocía muy bien mi cuerpo. Una noche me encontré una bolita y fui al IMSS. En menos de un mes ya tenía la confirmación: era cáncer en etapa dos”, recuerda.
La noticia la golpeó con fuerza. “Lo primero que piensas es ‘me voy a morir’. Pensaba en mi hijo, en quién lo iba a cuidar, en cómo se lo diría a mis papás”.
El tratamiento fue inmediato, mastectomía y 26 sesiones de radioterapia. Aunque el procedimiento significó un duelo por la mutilación, Rosy, como la llaman de cariño, lo asumió con decisión.
“Era mi vida o mi seno. El bicho ya se fue, sentí mucha paz después de la cirugía”, relata. Posteriormente continuó con cinco años de tratamiento oral para reducir riesgos de reincidencia, hasta recibir el alta médica.
Hoy, libre de cáncer, Rosy reflexiona que el mayor aprendizaje fue entender que el tiempo es vital, “una bolita puede no ser nada, pero también puede ser cáncer y en eso, los días hacen la diferencia”.
Asegura que el cáncer no distingue edad, clase social ni estilo de vida, por lo que la autoexploración y las revisiones médicas deben ser permanentes. También enfatiza el poder de compartir experiencias: “Cuando una paciente escucha a alguien que ya lo vivió, cobra fuerza. Si yo pude, tú también puedes”.
Para ella, la enfermedad no fue sólo un reto personal, sino una oportunidad de sensibilizar a su familia, colegas y amigas sobre la importancia de la detección temprana. “El cáncer no es una sentencia de muerte. Es peor vivir con miedo que vivir con cáncer”, afirma con convicción.

Marcela García /  marcela.garcia@diariodemorelos.com
 

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