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El Consejo General de Colegios de Ópticos-Optometristas recuerda que un sencillo reconocimiento se puede convertir en nuestro principal aliado para conservar el sentido más preciado e
importante.
“Hasta el 50 por ciento de los casos de pérdida visual se pueden prevenir con una detección temprana y el tratamiento adecuado”.
Por medio de un examen visual, “el óptico-optometrista no sólo es capaz de determinar si padecemos algún defecto refractivo, como la miopía, la hipermetropía, o el astignatismo, sino que puede observar indicios de posibles anomalías que afectan a nuestra salud ocular”. La utilidad de las revisiones oculares no se detiene ahí: los ojos son las ventanas a otras partes del cuerpo, por lo que muchas enfermedades tienen su manifestación ocular.
Así por ejemplo, la hipertensión puede manifestarse en los vasos sanguíneos de la parte posterior del ojo, la diabetes daña las estructuras oculares  y algunos tumores cerebrales pueden ser signos, detectables.
El óptico-optometrista es capaz de descubrir los signos tempranos de esas enfermedades.
Entre los 20 y 40 años, debemos revisar nuestra visión cada dos años, a no ser que la presencia  de algún problema visual aconseje acortar ese plazo. A partir de los 40 años se incrementa el riesgo de sufrir anomalías o disfunciones visuales, por lo que se recomienda acudir al óptico-optometrista al menos una vez al año.
En el grupo de población mayor de 55 años, el uso de corrección visual asciende hasta el 92 por ciento del total de la población. Y es que además de la presbicia, a partir de esta edad las personas son más propensas a sufrir una serie de problemas de visión, como por ejemplo, la retinopatía diabética y la maculopatía, asociadas a la diabetes , o por el paso de los años, como son la catarata y el glaucoma. Una visita a tiempo al óptico-optometrista ayuda a detectar a tiempo estas patologías que, en los casos más desfavorables,
pueden desembocar
en ceguera.

*jefa de análisis de información
/Dirección general
de epidemiología.