Mientras la mayorías de las personas nos ocupamos en culpar a los refrescos y las bebidas azucaradas de la obesidad y sobrepeso que amenaza la salud de nuestro país, el enemigo verdadero siempre ha estado ahí. Tan común y corriente. Tan tradicional. Este enemigo se trata de una delicia de la comida callejera que practicamente en cada esquina la podemos conseguir. Estamos hablando de la sabrosa torta de tamal o guajolota como algunos prefieren llamarle. 

Según estudios de la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco), mientras una botella o lata de burbujeante de refresco de cola regular de 350 mililitros tiene 148 calorías, un tamal de 100 gramos aporta 850 calorías. Si a ello le sumamos las 100 calorías del bolillo y las 180 del atole, que no puede faltar para "bajarnos" de la torta de tamal, tenemos un consumo conjunto de mil 130 calorías.

Esa ingesta puede elevarse hasta las mil 800 o dos mil calorías si el tamal va frito en aceite, como los cánones afirman que debe ser la verdadera guajolota. (En comparación, un Gansito Marinela tiene 196 calorías, un Submarino, 129 y una bolsa de papas Sabritas de 450 gramos, 235).

De acuerdo con la OMS, las necesidades diarias de energía para el ser humano son de dos mil calorías en el caso de los hombres y de entre mil 600 y mil 800 en las mujeres. Es decir, una sola guajolota de 15 pesos en promedio puede ser suficiente para satisfacer ese requerimiento.

Por lo demás, los tamales –elaborados a base de harina de maíz y manteca de cerdo– tienen alto contenido de grasas y carbohidratos y muy bajo de fibra.  Como lo afirma la doctora María Eugenia Valasco, directora de Programas Médicos del IMSS, (citada por Profeco en un estudio sobre el tema) precisamente esa escasez de fibra en los tamales hace que las abundantes calorías que contienen vayan al torrente sanguíneo en menos de media hora, lo cual genera un incremento importante de la glucosa, producción de insulina en exceso y acumulación de grasa en hígado, músculos y cuerpo. Es decir, sobrepeso y obesidad, males que padecemos siete de cada diez mexicanos adultos y uno de cada tres niños menores de 12 años de edad.

Con información de Sin Embargo

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