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Barcelona.- Uno de los lugares obligados para los turistas en Barcelona, España, sigue siendo La Rambla, que aún con los trágicos hechos del pasado 18 de agosto, se mantiene con amplio tránsito de visitantes.

El ruido y el bullicio inicia desde la parte sur de la calle en la zona peatonal; los artistas callejeros como las estatuas de Colón o algunas figuras extravagantes buscan unas monedas a cambio de fotografías.

La vendimia de plantas, flores, helados y souvenirs es de lo que más se oferta en el espacio, además de las docenas de restaurantes al aire libre que adornan la emblemática calle española donde se anuncian las típicas "tapas" y la "paella con productos del mar".

Al preguntarle a un mesero el lugar donde ocurrió el atentado en donde más de cien personas fueron atropelladas y donde hubo más de 12 muertos, un joven mesero responde: "Te vas a encontrar un círculo de flores, pero cuidado, yo no voy para allá, está todavía muy caliente todo".

Así unos metros después, como lo mencionaba el mesero, el bullicio y el ruido termina en el espacio donde se encuentra el mosaico de Joan Miró, que esta vez se encuentra cubierto de flores, veladoras, muñecos, globos y cientos de mensajes en distintos idiomas.

Ahí Amelia llega con una rosa blanca, espera a que haya un poco de espacio y se acerca para soltar la flor y encender una veladora. En cuclillas observa todo lo que hay alrededor y tras unos minutos se levanta y se persigna.

En entrevista confiesa que la rosa blanca no es para alguien que haya conocido en persona, pero sí para la mujer alemana de 51 años, de quien el domingo por la mañana se supo que perdió la vida en el Hospital del Mar, en Barcelona, donde permanecía hospitalizada luego de los atentados del 18 de agosto y con lo que junto a los registrados en Cambrils, el número de muertes se elevó a 16.

"Es para ella, una víctima del odio y de la pasión sin control de algunos; que Dios la tenga en su gloria al igual que a los otros que también murieron", confesó la mujer residente de Barcelona.

El olor de las veladoras se extiende metros después, donde en postes y negocios hacia el norte y final de la Rambla se mantienen las flores y los mensajes que exigen el alto al terrorismo y el progreso de los ambientes pacíficos.