Hace muchos años vivió en Perú una princesa muy bella llamada Acafala.
 La fama de su hermosura era conocida en todas partes pues jamás nadie había visto nada igual.
 
Tenía el cabello negro como el azabache, la piel suave como la seda y unos ojos redondos y enigmáticos que no parecían de este mundo.
 Además de guapa, era inteligente y refinada.
 
Cuando caminaba, parecía que flotaba y a su paso dejaba un rastro del más delicado perfume a flores que os podáis imaginar.

Solo tenía un defecto: se creía tan bella como los astros del cielo.
 Cuando llegaba la noche, caminaba en soledad por la playa mirando las estrellas y se comparaba con ellas.
 Nada le gustaba más que quedarse horas mirando al firmamento hasta el amanecer sin dejar de pensar:

 ¿Será Venus más hermosa que yo?

La Luna y las estrellas, desde lo alto, la miraban con estupor porque no comprendían que fuera tan vanidosa ¡En la vida había cosas más importantes que la belleza exterior!
Se reunieron y llegaron a la conclusión de que debían hacer algo para que dejara de ser una muchacha frívola y orgullosa.
 
Al final, tomaron una decisión unánime: convertirla en estrella, pero no en una brillante y reluciente como ellas, sino en una pequeña y sencilla estrella de mar.
 
Y así, como por arte de magia, Acafala se transformó para siempre en una estrella amarillenta, sin brillo, condenada a pasar el resto de sus días en las profundidades del océano.
 
A partir de ese día, vivió en la oscuridad, rodeada de silencio, y sin poder contemplar los astros del cielo a los que tanto adoraba.

Ésta fue la primera estrellita de mar que existió y que, desde entonces, todas las estrellas marinas del mundo son igual de calladas y solitarias que la princesa Acafala.

 

¿Cómo es la actitud de la princesa Acafala?

¿Por qué la Luna y las estrellas la convirtieron en estrella?

¿Cómo era físicamente la princesa Acafala?