La consecución de vacunas con una tasa de éxito razonablemente alta contra el coronavirus -que han hecho volver a las primeras planas a farmacéuticas como Pfizer, aunque no se haya traducido en máximos históricos de su cotización, la acción de Pfizer valía más el año que se lanzó la viagra, por ejemplo- han hecho soñar a la población mundial con un 2021 más normal, esperanzas sustanciadas en declaraciones como las de la OMS, declaraciones de las cuales se extraía que lo más probable es que el coronavirus termine por ser endémico y recurrente -lógico, dada su facilidad de transmisión, su adaptabilidad a casi cualquier clima y su relativa baja letalidad, que hace que no acabe con los anfitriones tan rápido como para ralentizar su transmisión- pero con una letalidad menor, similar a la de otras enfermedades estacionales, y controlada gracias a las vacunas.

Y es que parece que el coronavirus se controlará gracias a una combinación de varias vacunas y que no será una sola empresa la que se haga con todo el pastel, de hecho, a principios del mes de enero el gobierno mexicano aprobó de emergencia el uso de la vacuna de Astrazeneca, así que parece que varias farmacéuticas van a nutrirse de fondos gubernamentales durante los próximos años.

¿A la cabeza de las vacunaciones? Ya no

A nivel mundial y por lo tanto también a nivel continental, México empezó siendo uno de los países que con mayor diligencia estaba aplicando las vacunas disponibles (inicialmente destinadas al personal esencial), pero el retraso acumulado tanto en la aplicación como en la llegada de las dosis ha relegado al país muchos puestos, no solo lejos de países como Israel o los Emiratos Árabes (líderes mundiales), sino también nos ha rezagado mucho de los países que están a la cabeza de la vacunación continental como son los EEUU, así que habrá que esperar mucho más de lo inicialmente estimado, aunque ya se sabe que las previsiones de tiempo y de presupuestos siempre se quedan cortas. Quizás las dificultades en el suministro de nuevas dosis (además de las propias dificultades en la campaña de vacunación), hayan ayudado a la rápida aprobación de las vacunas de Astrazeneca, que se ha saltado de golpe gran parte de las -necesarias- barreras burocráticas que se aplican con todo el rigor posible en tiempos de normalidad, decisión probablemente impulsada por la lentitud con la que se han desplegado las dosis de vacunas en otros países precisamente por las trabas derivadas de la burocracia.

Está visto que en situaciones de estrés máximo, aderezadas con presupuestos sin límite, la humanidad es capaz de llevar a cabo proezas tecnológicas, y es que nunca antes en la historia de nuestra especie un virus había sido tan rápidamente descifrado y contrarrestado con una vacuna, lo que ayuda a hacerse una idea del potencial financiero de las farmacéuticas de cara al futuro, algo que muchos sospechaban ya, no en vano estas empresas facturan cientos de miles de millones de dólares todos los años.

La salud, un negocio en auge aún antes del coronavirus

Y es que según más economías van pasando de una infancia financiera a una madurez del desarrollo, siendo mayoría las clases medias y medias-altas, la edad media de las sociedades sube como la espuma y una salud cada vez más frágil se convierte en lacra y nicho de negocio a la vez, y por lo tanto además de firmar con un seguro médico privado, puede que más gente se convierta en accionista además de en cliente de las farmacéuticas, un sector industrial que parece tener el futuro asegurado -el sector en su totalidad, no cada farmacéutica de forma individual-.

Eso sí, la investigación farmacéutica es extremadamente cara, y nada asegura que se tenga éxito o ser los primeros, lo que puede llevar a pérdidas -de capital y de años de investigación- o incluso quiebras, por lo que el trading de acciones de empresas farmacéuticas puede ser una alternativa válida para aquel inversor que quiera empeñar parte de su liquidez con farmacéuticas, pero que a su vez quiera disponer de la flexibilidad necesaria para situarse en corto y en largo según el mercado baje o suba y que además quiera utilizar el apalancamiento para abrir posiciones más ambiciosas, asumiendo a su vez un riesgo de pérdidas más altas y prestando atención a los riesgos de la volatilidad en el corto espacio de tiempo.


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