Este pasado 8 de noviembre se cumplieron 500 años del encuentro entre Moctezuma y Hernán Cortés, es el inicio de un periodo que ha sido tachado, borroneado, alterado. Existe la tendencia de seguir negando esa parte de nuestro pasado, y con ello de una parte de nosotros mismos. La cosmovisión, la manera de ver y e interpretar el mundo de aquellos tiempos, no debiera negar los tres siglos en que se fue gestando nuestra identidad mestiza, menos aún pedir disculpas acomplejadas al actual gobierno español; que el presidente de México lea a Valle Inclán, a García Lorca.  

Seguir despertando odios, como lo hace Obrador cada vez que puede, hará más difícil convivir entre los mexicanos, bueno es, luchar por conservar nuestro pasado indígena, sin negar ni menospreciar nuestro pasado hispano. Y de ello, son responsables las autoridades federales y locales, que no se han interesado, previas solicitudes, en colocar la escultura ecuestre de Cortés, frente a su llamado Palacio, o haciendo una nueva propuesta, en la que fue llamada Plaza de Hernán Cortes del Chapitel del Calvario construido en su honor en 1547 año en que murió. Esa escultura fue ordenada por Don Manuel Suárez y Suárez, ya donada se colocó en la Avenida Vicente Guerrero, ahora está arrumbada en un terreno del Ayuntamiento desde hace años cuando se cambió por la de Cuauhtémoc en una especie de enfermiza revancha histórica.    

En el Perú se tiene reconocimiento al conquistador Pizarro, su tumba está dentro de la catedral limeña en un amplio y honroso habitáculo marmóreo, además de su monumental escultura ecuestre ahora colocada en la Plazoleta Pizarro de Lima, que por cierto fue regalada a México por su autor el escultor estadounidense Charles Rumsey y representaba a Cortés, pero rechazada por el gobierno mexicano fue entregada al Perú simbolizando a Pizarro; incluso en regiones indígenas, hay esculturas  de Pizarro y

Atahualpa, una al lado de la otra. En España, conquistada, no por trescientos, sino por dos mil años, por griegos, romanos, árabes y otros, con influencias chinas y de la India, ya no reniegan y hasta honran con esculturas a personajes de esas culturas, todas dejaron una herencia enorme, que nos llegó a México a través de la conquista.

El imperio azteca se circunscribía al centro del actual México, con los descubrimientos hechos y otros patrocinados por Hernán Cortés, la Nueva España, se extendió hasta Centroamérica, y al norte, por las Californias –con el Mar de Cortés- tocaría Canadá y todo el territorio centro-poniente y la Florida que hoy pertenecen a Estados Unidos, llegó a tener más del doble de su territorio actual y así se fundó la independiente Nación Mexicana, tan grande como Europa Occidental, quince veces mayor que España, y ante las ambiciones de los Estados Unidos, México perdió más de la mitad del territorio.

Cortés, estaba en contra de la Inquisición y a favor del libre comercio, era de ideas republicanas contrario la monarquía española, que entre otras razones fue lo que le causo la hostilidad del rey. Al actual territorio morelense, trajo la caña de azúcar, que 500 años después sigue siendo el principal producto de nuestros campos.

La ignorancia dice de él las peores ofensas y la cultura los mejores halagos pero hay quienes por intereses no se arriesgan a reconocerlo, la conquista es el pasado, queda la cultura, el idioma, el patrimonio tangible, como la Catedral, Patrimonio de la Humanidad, y él Palacio de Cortés el edificio civil más antiguo de América Continental. Fundó hospitales que todavía funcionan, como el Hospital de Jesús en Ciudad de México donde se encuentran sus restos; por su mediación y apoyo, se edificaron iglesias, conventos que tenían función distinta a los monasterios europeos, allá eran para “mejor orar”. por ello se construían fuera de las poblaciones, aquí se culturizaba dentro de las poblaciones, se enseñaron artes y oficios; pintura, escultura, carpintería, arquitectura, agricultura, ganadería, latín, medicina.

No hay elogio que no se haya hecho a Hernán Cortés, ni ofensa que no se haya dicho. Bernal Díaz lo proclama un gran capitán, comparable a César. Francisco López de Gómara, Juan Suárez de Peralta proclaman sus glorias. Lucas Alamán, Carlos Pereyra, José Vasconcelos, Salvador de Madariaga lo ponen en el pináculo, en el cenit, esos son los humanistas. Eulalia Guzmán la antropóloga que por órdenes de Echeverría “descubrió” la tumba de Cuauhtémoc que resultó ser de una mujer, le endilga una veintena de improperios.

Cortés era un fundador, un estadista, para la arqueóloga Guzmán, un invasor, lo califica de rapaz aventurero, mendaz y sin escrúpulos.

Con Don Andrés Henestrosa conversé sobre este tema, y aunque era indígena e indigenista, le daba amplio reconocimiento a Cortés, muy por encima de sus culpas. Diego Rivera pintó en sus murales de Cuernavaca a un Cortés orgulloso, constructor, marqués, y después en Palacio Nacional lo describe como un avaro, enfermo, maltrecho, jorobado, imagen que Eulalia Guzmán le dictaba. Fue un conquistador con todos los atributos y defectos, después destacado mercader al estilo veneciano, y sin duda un notorio estadista al organizar y refundar esta gran nación con los adelantos europeos.
México no se puede entender sin España, ni España sin México.
P.D. Hasta el otro sábado

 

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